24 sept. 2009

LA BIBLIOTECA, LUGAR DE LA ESCRITURA IMPRESA Y DIGITAL



/ por Roger Chartier



De acuerdo con Roger Chartier, principal historiador del libro en el mundo, actualmente debe plantearse cómo enseñar a los lectores a utilizar la red en una dimensión crítica.

Diversos son los debates a los que se enfrenta el mundo editorial ante la proliferación de información y publicaciones en internet. Temas que no se reducen a la supervivencia del “soporte papel”, sino a derechos de autor y a la multiplicación de errores y falsificaciones que se han permitido en esa “tierra de nadie”.

De acuerdo con Roger Chartier, principal historiador del libro en el mundo, actualmente debe plantearse cómo enseñar a los lectores a utilizar la red en una dimensión crítica. Y si pensamos que a través de nuestra computadora tenemos acceso a un gran acervo bibliográfico, ¿qué futuro tienen las bibliotecas? ¿Cuál es ahora su función social y educativa? De esto habla Chartier en la siguiente conversación.

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Frente a la reproducción de libros en la red, ¿qué papel juegan las bibliotecas hoy?

Hay dos contextos, el primero es social, es decir, las bibliotecas pueden ser los sitios donde la gente que no tiene libros acceda a la cultura escrita; es el papel de las bibliotecas escolares o públicas. La biblioteca es una institución que no sólo propone libros, sino también es un lugar de aprendizaje de la cultura escrita, de la cultura impresa. La biblioteca, en esta perspectiva, como una institución fundamental de la democratización, de la alfabetización, no limitada a saber leer, se convierte en un lugar donde se jerarquiza el saber. En este contexto me parece fundamental que las bibliotecas estén apoyadas por instituciones públicas.

El segundo sería las bibliotecas en el mundo digital. En este sentido podrían estar totalmente condenadas a muerte, porque podemos tener acceso a un patrimonio digitalizado desde nuestra computadora, el papel de las bibliotecas como lugar de lectura podría pensarse terminado.

Yo no lo pienso así por diversas razones, una de ellas es que las bibliotecas pueden enseñar a la gente cómo utilizar esta nueva tecnología, particularmente en una dimensión crítica, porque la red electrónica es un vehículo poderoso de multiplicación de errores, falsificaciones.

Es más fuerte que en la cultura impresa, porque los libros publicados por las editoriales, por malos que sean, tienen un mayor control de edición, de corrección, etc. En la red, este tipo de control empieza a desaparecer, entonces la biblioteca puede ser un lugar con computadoras en donde se enseñe a la gente a desarrollar una lectura crítica de toda esa información maravillosa y a su vez peligrosa que está convalidada por el mundo digital.

¿Podríamos pensar que la naturaleza de los libros, de los textos escritos para y por un medio impreso, cambia frente a su digitalización?

Éste es un asunto que se olvida muchas veces en los discursos. Se piensa que el texto es siempre el mismo cuando cambia de soporte, pero si debemos estar interesados en el patrimonio escrito, en la manera en que las obras fueron leídas, recibidas, es fundamental saber que hay lugares en que los textos subsisten de una forma electrónica que los conservan, clasifican, y que es un acceso. Se habla de digitalización porque se digitaliza algo que ya existe en otra forma, pero cada biblioteca debe preservar su acervo y tenerlo disponible para que las nuevas generaciones de lectores no pierdan la perspectiva de que los textos que están viendo digitalizados en una pantalla, son textos que nacieron en papel.

De esta manera, la biblioteca, lugar de aprendizaje, puede ser también un espacio para mantener la relación entre el libro de papel y un presente más electrónico. De otra manera perdería su razón de ser, sobre todo si pensamos en una biblioteca universal digitalizada. La tarea es asegurar esta relación con el pasado de la cultura escrita.

Entonces ya hablamos de un pasado de la cultura escrita y un caos informativo y de calidad en la red…

El digital es un mundo que amplía muchas veces el vocabulario de la conversación, el chat, el correo electrónico, un mundo de intercambio infinito. Al mismo tiempo es un mundo que quiere reforzar la soledad del lector frente a la pantalla y que puede reforzar esta relación en la que se pierde la dimensión comunitaria, pensando que hay dos formas de comunidad: la comunidad abstracta, en ella la gente se comunica a través de la red como una forma fantástica, y la comunidad como el lugar donde se intercambia conocimiento, experiencias, críticas.

En las sociedades contemporáneas hay una tendencia a desaparecer estos lugares de comunidad cívica, modelo de la ciudad griega, lugar donde se discute, se confronta. Con la tecnología todo sucede en el mismo lugar y al mismo tiempo, y en este sentido las bibliotecas pueden ser, alrededor de la cultura escrita, cualquiera que sea su forma, manuscrita, impresa, digital, uno de estos lugares.

Ahora se vuelve a dar importancia a las lecturas de obras por sus autores, que era una práctica del siglo XIX: las bibliotecas invitan a autores para leer sus obras, hacer presentaciones de libros; hay exposiciones acompañadas de cursos, seminarios, etcétera, y me parece que aquí hay un papel pedagógico y cívico fundamental.

La tendencia más natural con las plataformas tecnológicas, sería preguntarse por qué gastar dinero en personas que trabajen en una biblioteca o en construir nuevas estanterías cuando todo está en la computadora.

Entre paréntesis, debemos plantear el tema de quiénes son los dueños de esta nueva biblioteca universal que impulsa Google, cómo se ve, qué precio se debe pagar, que es otro debate, pero la idea fundamental es la biblioteca como el lugar donde se aprenden todas las formas de la cultura escrita.

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