15 jun. 2011

Un diccionario huarpe que salió del baúl de la abuela

Un diccionario huarpe que salió del baúl de la abuela


Jorge Guerrido copió y ordenó el escrito a mano y encuadernó las hojas con tapas de cuero. Lo ofrece como aporte al rescate de esa cultura mendocina. Está traduciendo el Martín Fierro.


Desde muy chico se interesó por un manuscrito de su abuela Isidora pero recién pudo tenerlo entre sus manos cuando aprendió a a escribir con tinta y ya tenía 15 años. Esa fue la condición que le fijó su madre y tuvo que cumplirla a rajatabla.

No fueron pocas las veces que miraba a escondidas esas hojas que se fueron deteriorando con el tiempo y la humedad de un viejo baúl con la idea de pasar todo en limpio. Era nada menos que un "diccionario de la lengua guarpe", "Con g, porque la h es muda", dice Jorge Norberto Guerrido (73), autor de un libro escrito a mano donde copió todo lo que pudo de esas viejas hojas.

"Yo no soy el autor, aclaró. Lo único que hice fue ordenar los vocablos y su significado y luego invertir del español al guarpe porque mi abuela lo había hecho del guarpe al español.

Esas hojas amarillas, según le explicó su mamá, estaban escritas desde antes de 1910 y "aguantaron todas las mudanzas", relata.

"Yo nací en la ciudad de Mendoza pero poco después fui a vivir con mi familia a Tunuyán, a Capiz, al otro lado del río Tunuyán. Después nos radicamos en San Rafael donde ya mi padre, Norberto, logró comprar unas tierras para hacer chacra que es lo que sabía".

"El Jorge" como le gusta que lo llamen "porque así es bien mendocino", aclara, que cuando fue mayorcito entró en Gendarmería Nacional con su especialidad que es el dibujo. Después estudió Farmacia. "Fue en esa época precisamente que empecé a transcribir el cuaderno de mi abuela y encontré muchas hojas deterioradas por la humedad. Eso no pude rescatarlo porque o se había mojado la tinta o se habían pegado las hojas.

También heredó de su abuela y su madre la habilidad de hacer masajes y eso le sirvió mucho, contó.

A modo de anécdota relata que su abuela se ofendía mucho cuando le decían curandera. "Ella en realidad sólo sabía hacer masajes y muy bien", dice con orgullo de nieto.

Lengua prohibida
"Fue aquí en San Rafael donde le di el último empujón al libro gracias a un amigo que "me secuestró", bromeó, y me prestó una casa en El Nihuil. "De aquí no te vas hasta que termines de hacerlo", me advirtió.

"Y fue así que en la paz de este paraje sanrafaelino terminé de hacer la transcripción. En realidad es fonética pura. También aproveché y traduje al guarpe el Martín Fierro aunque hay muchas palabras que me faltan. Para el libro sólo rescaté unas 1.000 pero faltan muchas y quiero compartirlo haciendo una convocatoria para que se conecten conmigo para completar la obra del Martín Fierro. Si lo hago será muy lindo y si es con colaboración mejor", reflexiona.

"Hay gente del gobierno de San Luis que quiere editar este libro que he escrito a mano y encuadernado yo mismo con tapas de cuero, como se hacía antes (armó cuatro ejemplares, tres de los cuales donó a la biblioteca Mariano Moreno de San Rafael). "Yo preferiría que se editara en Mendoza", agrega.

"Para el 25 de mayo estoy invitado a la localidad de Las Chacritas en San Luis donde habilitarán una escuela bilingüe castellano-guarpe en la estancia Guaquinchay. Tengo entendido que también el gobierno del departamento de Lavalle hará algo similar en la zona del desierto. Es muy bueno que permitamos a los chicos conocer el idioma de nuestros ancestros, al que el jesuita Luys Valdivia (1.600) identificó como millcayac. "Este idioma no tiene las v corta ni alta, ni la d, la f ni las w y z" advirtió "el Jorge".

"Contaba la abuela, según me dijo mi madre, que en las escuelas del norte de la provincia y del sur no se permitía a los niños hablar guarpe. Lo castigaban o ponían en penitencia, y así se fue terminando con los últimos vestigios esta cultura maravillosa que empezó por el norte provincial".

"Sería fantástico que el libro estuviese en todas las bibliotecas de las escuelas para que los chicos incorporen este conocimiento", piensa mientras guarda celosamente el ejemplar que le quedó. "No se, es posible que haga fotocopias o ahora me dicen que lo pueden escanear y queda lindo, pero la encuadernación, por ahora, la quiero hacer a mano", dice y cierra el portafolios con el preciado tesoro herencia de su abuela.