12 jun. 2011

Encuentran la espada del emperador Aurangzeb olvidada en una biblioteca de la India


Aligarh (India). Al tratar de ordenar legajos en unos de los armarios de la biblioteca de la Universidad musulmana de Aligarh, situada a 135 kilómetros al norte de Delhi, el jefe de la división de manuscritos, Ata Khurshid, se encontró con un tesoro inimaginable: la espada del emperador mogol Aurangzeb (1618-1707), que apareció junto con un estuche de escritorio de zafiro del rey afgano Nadir Shah cuando Khurshid estaba inspeccionando uno de esos armarios.


Esta universidad —antiguamente conocida como la “Oxford del Este”— fue centro de la lucha por la independencia y con más de un millón de libros y miles de manuscritos, su biblioteca sigue siendo un centro de conocimiento en el que, según sus gestores, aún hay margen para nuevas sorpresas.

“Tenemos cientos de armarios de acero. El problema es que muchas donaciones no fueron registradas todavía. Así que estamos abriéndolos uno por uno y así hemos hallado 350 nuevos manuscritos, algunos de hace siglos”, afirmó Shabahat Husain, el director de la biblioteca, con la afilada espada de Aurangzeb en la mano.

La biblioteca de Aligarh, considerada la segunda mayor de Asia, contiene 1,35 millones de libros y unos 16.000 manuscritos, algunos de ellos ejemplares únicos, como un Corán de 1.400 años de antigüedad atribuido al cuarto califa del Islam, Hazrat Alí.

La Universidad, quizá el principal proyecto ilustrado musulmán de la India, nació como escuela en 1875 a instancias del filántropo Syed Ahmad Khan para formar a los musulmanes y, tras dos años, comenzaron los cursos superiores, con el apoyo del Raj británico. Fue hasta 1947 un laboratorio de ideas tanto para los líderes del Partido del Congreso -entre ellos el “mahatma” Gandhi- como para la Liga Musulmana de Mohamed Alí Jinnah, que propugnó la creación de Pakistán.

Entre los fondos de la biblioteca hay monedas, delicadas pinturas de la corte mogol y una curiosidad, la medalla del Nobel de Física paquistaní Abdus Salam, que la donó a la AMU enfadado por el mal trato al que Pakistán somete a la secta religiosa islámica ahmadi. En distintas plantas, dos trabajadores se ocupan de digitalizar los libros más antiguos, mientras otros se dedican a tareas de restauración de los manuscritos más estropeados, a los que hay que tratar como “viejecitos frágiles”, en palabras de Husain.