21 abr. 2010

Libros para la Feria del libro 2010


La estrategia del agua
Bien, ya os hemos contado nuestros favoritos, al menos parte de ellos, para el Día del Libro y también para la Feria. No estaría de más que analizáramos los grandes lanzamientos de las principales editoriales para ver qué es lo que nos vamos a encontrar en grandes cantidades.
El hipnotista: Curiosa palabra, hipnotista. Mezcla de hipnotizador y mentalista, supongo. Puestos a inventarse oficios, también habría valido El hipnopeuta o tal vez El hipnador. Dejando a un lado esa curiosidad en el título, El hipnotista es uno de esos libros que se venden a precio de oro en las ferias profesionales y que están predestinados al top de ventas. Con autor sueco -autores, de hecho, Lars Kepler es un seudónimo- y argumento de novela negra, pretenden repetir el éxito Larsson.
El asedio: Reverte es mucho Reverte. Cuando saca novedad las estanterías tiemblan. Cuando la novedad es sobre una batalla histórica, más todavía. Las primeras críticas apuntan a que El asedio es… otro libro más de Pérez Reverte: ideal para regalar a los padres y fieles seguidores de este autor muchas veces controvertido.
Venganza en Sevilla: Matilde Asensi llevaba tiempo sin sacar libro y eso se nota. Había cierta orfandad en el mundo del best-seller hispano y la segunda parte de Tierra Firme está haciendo buenos números en su carrera previa a la Feria. Uno de los candidatos a “pila de libros” del mes.
El viaje al poder de la mente: Con Eduardo Punset tenemos debilidad en Lecturalia, así que es uno de los pocos casos en que gran apuesta editorial y nuestro gusto coinciden plenamente. El viaje al poder de la mente es otro de esos grandes libros de ensayo que todo el mundo debería leer.
La estrategia del agua: Aquí se juegan la carta de una serie policiaca, negra y española. Lorenzo Silva tiene mucho tirón y puede ser uno de los éxitos que pocos se esperan. La campaña ya está apretando, con cuñas en radio, por ejemplo, así que, suponemos, este título será bastante visible en los tenderetes.
Mi amigo Stieg Larsson: ¿Logrará un libro sobre la vida de Stieg Larsson meterse en el top de ventas de la Feria? Yo creo que no, pero no al 100%. En un país de cotillas como es España, nunca se puede subestimar el poder de un libro “no autorizado” como el de Kurdo Baski.
Lo que esconde tu nombre: El Premio Nadal se ha hecho fuerte en las listas y tiene un tirón que puede colocar el libro de Clara Sánchez muy arriba. ¿Acompañará la campaña de promoción? Destino tiene aquí un posible best-seller. A tener en cuenta.
Del Premio Planeta de 2009, sin embargo, tenemos menos noticias. El recorrido de Contra el viento no parece el mejor en la historia del galardón, pero no se puede subestimar el poder de la Fuerza (y Fuerza, Fuerza, Planeta tiene más que Yoda)
En cuanto al mundo juvenil, habrá que preparase para una invasión de ángeles, brujas, vampiros y demás fauna sobrenatural en busca de ligue. A destacar Blanca para la magia y Hermosas criaturas, que tienen todos los números para acompañar a la última edición de lujo de Crepúsculo.
En cuanto a Perdona, pero quiero casarme contigo, de Moccia, no sé si al final podríamos calificarlo de juvenil, adulto o peterpanesco, pero lo cierto es que es otro de los títulos que va a ser imposible pasar por alto en las casetas de la feria.
¿Alguna novedad más que teméis se haga omnipresente? Dejad vuestra opinión, como siempre, en los comentarios.
Autores relacionados:
Arturo Pérez-Reverte
Clara Sánchez
Eduardo Punset
Federico Moccia
Kurdo Baski
Libros relacionados:
Blanca para la magia
El asedio
El hipnotista
El viaje al poder de la mente
Hermosas criaturas
 

Ardores de Agosto, de Andrea Camilleri

Ardores de agosto
Agosto en Sicilia. Sol. Calor. Turistas.
Hace tanto bochorno que nadie puede salir a la calle sin acabar bañado en sudor, las tiendas se han quedado sin aire acondicionado o ventiladores; lo único que apetece es darse un baño en el mar y dejar pasar la tarde con una cerveza fresca en la mano.
O al menos eso es lo que debería pasar según el Comisario Montalbano. Por desgracia para él, y por fortuna para nosotros, no es eso lo que sucede en Ardores de Agosto, una nueva entrega del escritor Andrea Camilleri.
Según Montalbano, “en Agosto no hay asesinatos en Sicilia, hace demasiado calor incluso para los criminales”, pero, tal y como se presenta en el libro, el comisario acaba sin disfrutar de las vacaciones el 15 de Agosto, aunque tampoco es que le hiciera demasiada ilusión.
En Ardores de Agosto asistimos al descubrimiento de un cadáver en un chalet ilegal, una joven de quince años degollada y escondida en un baúl durante casi diez años. Lo malo para Montalbano es que ese chalet ilegal era el sótano de una casa alquilada a los amigos de su novia que iban a pasar el verano. El asunto del muerto no les hace demasiada gracia y, novia incluida, abandonan Sicilia para el resto del verano.
La historia sobre la que Camilleri plantea la historia no es nada nuevo, asesinato, investigación más o menos rápida, un par de giros sorprendentes y una impactante resolución. Pero, como ya debería saber todo el mundo aficionado a la novela negra, lo importante de Camilleri es cómo cuenta las cosas. Es una verdadera delicia asistir a la economía de medios con la que el escritor italiano va trazando pinceladas y llevándonos exactamente por donde él quiere.
No es de extrañar que le de tiempo en apenas doscientas páginas, a hablar de política, corrupción, mafia, sentimientos, amoríos, relaciones entre personajes, asesinatos y comida -la comida es fundamental, como siempre, en esta ocasión en forma de ensaladas varias y platos fríos, por supuesto-, logrando un trabajo que a otros les cuesta miles de páginas y varios libros más.
Camilleri nos muestra a un Montalbano mayor, maduro, que se resiste por un momento a aceptar su propia edad y que vive en carne propia el efecto secundario de ese calor asfixiante que, por momentos, le impide pensar con claridad, volviéndose, quién lo diría, casi un adolescente.
En resumen, un buen libro de Camilleri que se lee con facilidad y no defrauda en ningún momento, si acaso alguna coincidencia traída por los pelos, pero que se perdona con facilidad. Después de todo, es verano en Sicilia y se hace muy difícil concentrarse en los detalles.
Autores relacionados:
Andrea Camilleri
Libros relacionados:
Ardores de Agosto
 

iPad y los eBooks: Lo hemos probado

Alfredo Álamo el 19 de Abril de 2010 en Literatura, Literatura electrónica, Mundo Editorial, Narrativa, Noticias, Tecnologí­a
iPad Lecturalia
Gracias a nuestro habitual seguidor, el cuñado de Jobs, pudimos manosear un iPad nuevecito y probar la mayor parte de sus aplicaciones, especialmente aquellas dedicadas a la lectura de libros electrónicos y documentos de texto.
Como todos los gadgets de última generación, el iPad posee muchas virtudes y a la vez unos cuantos defectos. Comenzaremos por lo que más nos ha llamado la atención en el sentido positivo.
El iPad posee una pantalla más que notable, 9,7 pulgadas, con un brillo ideal para ver fotos, navegar o pasar el rato con algún videojuego. El diseño no es sorprendente -es como un iPhone pero en grande-, pero sigue la línea de Apple.
Desde un punto de vista de fluidez en las aplicaciones, el iPad funciona sin problemas y mueve con soltura sus aplicaciones al tiempo que responde inmediatamente al ponerle los dedos encima. Hay que anotar que la respuesta de los acelerómetros es muy buena y reacciona con numerosos detallitos al movimiento.
Ahora, entremos al trapo del mundo del libro electrónico que es el principal motivo de probar el tablet de Apple.
Para acceder a los libros, el iPad posee su propio programa de lectura que hemos encontrado muy básico en algunos puntos, aspectos, que, no obstante, pueden quedar resueltos haciendo uso de otro software distinto, como el de Amazon o, supongo que aparecerá en breve, el Stanza.
iPad Lecturalia
La representación gráfica del libro es muy bonita y detallista, pero, pese al control de brillo, la elección de tipografía y tamaño o la posibilidad de ver el libro a doble página, cosas como la imposibilidad de poner un modo de contraste negativo (una de las pocas maneras de leer bastante rato en una de estas pantallas) hacen que el software pierda bastante. Desde el de Amazon sí que se controla más el aspecto final del libro y puede sincronizarse con otros dispositivos para continuar su lectura, algo muy interesante pero que ya hace el Kindle.
El sistema de marcadores es muy bonito gráficamente -simula una marca de rotulador fluorescente y se añade al índice-, pero no deja tomar notas, así que pierde gran parte de su utilidad, sobre todo porque, al no ser multitarea, no podemos tener un editor de textos abierto al lado del libro. Un gran fallo.
El lector del iPad lee ePub -no probamos con ePub DRM, pero con libros propios maquetados para otros e-readers funciona francamente bien y no ha dado problemas. Sin embargo, las exportaciones desde sistemas como Word u Open Office pueden dar algún problemilla y es mejor tratarlas como texto y no como ebooks.
iPad Lecturalia
La tienda de Apple, la iBook Store funciona de una manera similar a la App Store, con apartados de pago y gratuitos -con todo el fondo del Proyecto Gutemberg bien maquetado-, populares y por géneros. La verdad es que está muy bien montada y, en ese aspecto, es donde una pantalla brillante luce su potencial.
A la hora de leer, como ya habréis imaginado, cansa los ojos como cualquier otra pantalla, así que para una lectura concentrada o larga no es lo más apropiado. A eso hay que sumar otro inconveniente, el peso. Con casi 700 gramos de peso, algo que parece que no es mucho, se hace imposible una lectura larga sosteniendo el iPad sin un atril o soporte. Es posible que su larga autonomía -unas 10-12 horas- necesite una batería pesada. Incómodo, la verdad.
En cuanto al PDF, hay varios programas en el iPad para leer y funcionan bien, tienen muchas funciones y es bastante útil para consultar o mostrar informes. Hay incluso aplicaciones de descarga de PDF donde puedes encontrar casi cualquier libro, eso sí, maquetado con las manos del diablo.
Como ya suponíamos, el iPad no es un buen lector de libros electrónicos pero puede servirle a aquellos que, usando el dispositivo para otros usos, le dedican un poco de tiempo a la lectura. Lectores casuales o con poco tiempo libre.
iPad Lecturalia
Sin embargo, el iPad, como, supongo, la mayoría de tablets que se nos vienen encima, son muy manejables para tres tipos de lecturas y que pueden suponer una cierta ventaja sobre los lectores de tinta electrónica: Revistas, Cómics y Cuentos para niños.
El brillo, el color, los vídeos y los enlaces de Internet son perfectos para las revistas que tampoco pretenden a un lector que esté dos horas mirando la pantalla. Contenidos cortos que son tan interesantes como entradas de blog. Ese es, quizás, el futuro de las revistas.
Los cómics también se leen muy bien en la pantalla de iPad, pudiendo leer página a página con un zoom rapidísimo, o bien seleccionando el modo cinemático, donde una ruta de zooms y encuadres prefijados en el propio tebeo nos lleva por todo el número. La verdad es que es una experiencia diferente y muy bien implementada.
Los cuentos para niños. Estuvimos trasteando con dos: Alicia en el País de las Maravillas -no exactamente sólo para niños, pero bueno- y uno de Toy Story creado por Disney. Bien, hay que contemplar el de Alicia… como un juguete precioso que agitar y disfrutar visualmente, está muy bien hecho, claro que es eso: un divertimento al margen casi del libro.
iPad Lecturalia
En cuanto al de Toy Story, Disney plantea un libro para niños con unas mínimas animaciones y la posibilidad de que el iPad cuente de viva voz la narración acompañando el texto de pantalla. Queda muy bonito, aunque dejar a los niños trastear demasiado un aparato de 500$ ya es una decisión personal.
En resumen: un gadget cuya aplicación lectora es secundaria y está más orientado a otras facetas del entretenimiento, haciendo siempre hincapié en su ventaja multimedia y gráfica pero con grandes desventajas a la hora de la lectura no intermitente.
Libros relacionados:
Alicia en el país de las maravillas
 

Las lenguas de la Tierra Media

Víctor Miguel Gallardo el 18 de Abril de 2010 en Autores, Literatura

J. R. R. Tolkien, aparte de una gran labor de creación mitológica que sirviera de base para sus obras, también se tomó el tiempo necesario de elaborar, de forma más o menos completa, una serie de lenguas y alfabetos que se correspondieran con las diferentes razas que poblaban los imaginarios mundos de Arda. No es, desde luego, el único autor que lo ha hecho, pero sí uno de los más importantes, si no el que más, cuyas creaciones lingüísticas han trascendido de forma más clamorosa, hasta el punto de que algunos seguidores de sus libros han llegado a dominar uno o varios de esos idiomas y sistemas de escritura.
Aunque no es poco habitual que miembros de una misma etnia hablen idiomas distintos debidos a diferentes evoluciones históricas, las lenguas y sistemas de escritura en la obra de Tolkien suelen identificarse con las diferentes razas imaginadas por Tolkien. No obstante, y debido a los acontecimientos que se detallan en la mastodóntica obra de El Silmarillion, algunas de estas lenguas y sistemas de escritura pasan de unas razas a otras: así, algunos humanos que vivieron en contacto con las grandes familias élficas tomaron el idioma élfico como propio, así como su alfabeto.
Los dos idiomas élficos por excelencia son el quenya y el sindarin. El primero, que después de ciertos hechos narrados en el mencionado libro se convierte en una lengua prácticamente reservada para la vida privada y erudita, está basado en las dos grandes lenguas clásicas, latín y griego, así como en el finés (uno de los idiomas europeos, junto con el euskera y el húngaro, del que no se conocen antecedentes) y, en menor medida, el galés. Es precisamente el galés la base del segundo de los idiomas élficos, el sindarin. Así, se contrapone el clasicismo del quenya a las influencias celtas del sindarin. Hay que precisar que las influencias de estos idiomas son, más que a nivel de construcción, a nivel visual y estético: ambos se pueden considerar idiomas artificiales completos y no variaciones o amalgamas de otros lenguajes.
También existen idiomas de influencia semítica en la obra de Tolkien. El idioma de los enanos es llamado khuzdul (literalmente “lengua”), y tiene puntos en común con el hebreo y el árabe, aunque no derive expresamente de ellos. Los enanos fueron muy celosos de su idioma, considerando ellos mismos que el khuzdul, que era un regalo que les había ofrecido Aulë, su creador, les era racialmente exclusivo. Así, aunque se hace referencia en las obras de Tolkien a que el idioma khuzdul fue dominado por un puñado de elfos (que, de todas maneras, lo consideraban un lenguaje inferior a los suyos propios), no fue muy habitual que la raza enana quisiera difundirlo más allá del ámbito exclusivamente privado.

La contraposición entre razas puras e impuras en la obra de Tolkien afecta de forma directa a las lenguas de dichas razas. Por poner un ejemplo, las lenguas élficas y enanas permanecieron durante el paso de los siglos inalteradas tanto en sus versiones escritas como orales. Las lenguas de los orcos y la de los humanos, en cambio, sufrieron alteraciones cada vez más significativas. Así, de la lengua negra original, aquella que hablaron Morgoth y Sauron en un principio, apenas quedaron vestigios en épocas posteriores. Los orcos de la Tercera Edad, aquella cuyo final relata El Señor de los Anillos, hablaban un dialecto totalmente diferente. La carencia dentro de la raza orca de una cultura escrita generalizada posiblemente dificultó el inmovilismo de su idioma, que fue cambiando hasta hacerse irreconocible de su raíz. El único texto completo que se conserva en esta lengua negra original es la inscripción del Anillo Único, por lo que no es un idioma artificial propiamente dicho (seguramente Tolkien, que lo creó a propósito para que fuera desagradable al oído) no se preocupó en desarrollarlo más que lo básico. Algunos afirman que la lengua negra tendría similitudes con idiomas desaparecidos del Próximo Oriente tales como el hitita o el hurrita.
Los humanos, para finalizar, hablaban en gran parte un lenguaje denominado como “occidental” (traducido como oestron al español), también llamado “idioma común”, en realidad un dialecto proveniente del adunaico hablado en la isla de Númenor antes de su caída. Este idioma no fue desarrollado por Tolkien ya que, al ser el habitual de humanos y hobbits de la Tercera Edad, se sustituyó por el inglés para la elaboración de sus novelas, por lo que lo único que podemos suponer es que era parecido fonéticamente al ya mencionado adunaico (que guardaba más similitudes lingüísticas con el khuzdul enano que con los idiomas élficos).
Autores relacionados:
John Ronald Reuel Tolkien
Libros relacionados:
El señor de los anillos
El Silmarillion
 

La historiadora, de Elizabeth Kostova

Gabriella Campbell el 17 de Abril de 2010 en Histórica, Literatura, Terror
La historiadora
Uno de los principios necesarios de la crítica responsable es huir de la valoración más o menos subjetiva y centrarse en el análisis productivo de una obra. Es posible que esto parta de la suposición de que el crítico se encuentra con una obra con un mínimo de calidad, que ha superado un filtro editorial y que se presenta al gran público superados unos requisitos básicos. Sin embargo, a veces el lector se encuentra con una obra, sea esta novela, ensayo, relato o compendio de aforismos, cuyo análisis se ve impedido, una y otra vez, por diversas circunstancias: un ritmo pobre, desigual; unos personajes planos que evitan de manera continua la identificación con el lector; la introducción de una serie de tópicos repetitivos; la imposibilidad de un pacto narrativo por la escasa credibilidad del argumento y de su desarrollo o (y ésta seguramente será la peor) el simple y llano aburrimiento. Cuando estas circunstancias se dan en un superventas como ha sido La historiadora de Elizabeth Kostova, uno no puede dejar de plantearse si es verdad aquello de que toda lectura es buena.
La trama de Kostova, autora obviamente apasionada por, valga la redundancia, la historia, gira en torno a la figura del príncipe Vlad el Empalador, comúnmente conocido como Drácula. A través de una serie de recursos retorcidos y poco prácticos, una serie de personajes comienza a investigar a esta figura y a sospechar que el temible Tepes siga vivo y rondando por el mundo. La trama de la novela se ayuda del manido sistema de describir la acción a través de cartas y documentos pseudohistóricos, que se entremezcla con una narración más o menos lineal que repite, de manera ardua, aquello que ya nos han dado a entender dichos documentos. La historiadora es, sin duda, una de esas obras que presupone que el lector es falto de entendederas, ya que la repetición se convierte en uno de sus recursos más comunes. Por otro lado, la autora parece gozar de las descripciones topográficas, lo cual se agradecería si no fueran insulsas y superfluas. Su empeño en usar metáforas muertas y su amor por los tópicos llega a su culmen en el párrafo en el que una habitación se nos describe como “desnuda”, para pasar a continuación a enumerar los numerosos muebles y adornos que llenaban la habitación. Kostova cae, una y otra vez, en ese gran sinsentido narrativo que es el de instruir al lector qué debe sentir, en vez de sugerirlo con las acciones y el comportamiento de los personajes. Una y otra vez se nos recuerda que los personajes sienten miedo, pero no sabemos muy bien por qué: constantemente les invaden temores sin fundamento ni razón. Se nos indica que la figura de Drácula y de sus secuaces es temible, pero no entendemos muy bien qué tienen de espantosos. La autora olvida que el hecho de indicarle a su lector “ahora es el momento en el que debes tener miedo” no suele funcionar para insuflar terror en su corazón.
Empalando
Constantemente se nos recuerda que Drácula es malo, muy malo, malísimo, pero más allá de sus crímenes históricos no entendemos muy bien qué es aquello tan terrible a lo que se dedica, ya que el pobre no-muerto se limita a coleccionar libros y a secuestrar (¡oh, el horror!) a eruditos amantes de los libros para que (¡qué tortura!) le ayuden a organizar su espléndida biblioteca. Por supuesto no pueden faltar numerosos deus ex machina aparecidos de la nada y cuya existencia y función se nos explican en apresuradas y escasas líneas, mientras que se dedican extensos párrafos y capítulos a un simple paseo de camino a un monasterio. Las habilidades de intriga de la autora pueden recordar a un mal planteado episodio de la serie CSI, en el que tres cuartas partes de su duración se dedican a plantear el misterio y sus pistas, y en el que se resuelve el asesinato de forma rapidísima e incoherente, con la intención de que el espectador no tenga tiempo de pararse a pensar que dicha resolución, realmente, no tiene sentido.
El éxito de ventas de una novela puede deberse a una excelente campaña de promoción, a una gran calidad literaria o a un uso adecuado de la intriga que impulse al lector a tomar el libro para no soltarlo. Como, a mi juicio, la obra no cumple con ninguno de los tres requisitos, animo a aquellos que han leído La historiadora de Elizabeth Kostova y la han disfrutado a que comenten este artículo, señalando qué aspectos de la obra encuentran interesantes y qué les ha animado a leerla. Si a alguien, como a mí, le ha parecido que los árboles talados para imprimir este libro no merecían una muerte tan poco digna, le animo también a que exprese su parecer.
Autores relacionados:
Elizabeth Kostova
Libros relacionados:
La historiadora