18 abr. 2010

De "lengua muerta" el latín no tiene nada


Veamos, por ejemplo, expresiones usadas en Derecho. ¿Quién puede decir que nunca oyó hablar de hábeas corpus?
¿O de que una Cámara legislativa no se reunió por falta de quorum?

El latín está en nuestra vida cotidiana cuando enviamos un curriculum vitae, cuando pensamos en una posgraduación lato sensu o cuando ponemos una posdata a una carta.

Esta lengua calificada como "muerta" está presente en las tecnologías modernas, como en la fecundación in vitro o en el fax (abreviatura de fac simile, que significa "haga de manera semejante").

Muchas palabras que nos llegan del inglés vienen en realidad del latín, como el horrendo anglicismo deletear, del verbo to delete, que a su vez proviene del latín deleo, que significa destruir, como en Delenda est Cartago.

El latín está tan entrañado en nuestra lengua que hasta se confunde con ella: ídem es latín, así como grosso modo, per cápita o etcétera y hasta la expresión alias, cuando decimos "Joselo, alias José Luis".
Está entrañado en el español en palabras y expresiones como a priori, alter ego, Homo sapiens, lapsus, modus vivendi, statu quo, sui generis, Aedes aegypti.

Por tanto, la cuestión no es aprender o no el latín. Él ya convive con nosotros pues es el alma de nuestra lengua. Con el latín, vemos que las irregularidades y las temibles excepciones de las gramáticas no son ni irregularidades ni excepciones. Todo adquiere una lógica más diáfana y previsible. Si sabemos bastante latín habremos ampliado nuestro horizonte lingüístico y esto nos destacará de los demás. Y así queda contestada la pregunta de aquel que quería mejorar su posición social.


(…)




Después de estos ejemplos, creemos que debe resultar más claro el hecho de que la importancia de la lengua latina es hoy tan grande como en otros tiempos. El latín sigue siendo el alma de nuestro idioma y la clave más importante para su comprensión.

En los años 50, el profesor brasileño de Filología Románica Maurer Jr., muy respetado en su área, había defendido la tesis de que el latín había servido, durante toda la Edad Media, como elemento principal de uniformidad entre las lenguas del Imperio Romano de Occidente.

Conocer su estructura y su funcionamiento, la productividad de sus raíces, de sus prefijos y sufijos, nos permite deslindar mejor el verdadero significado de las palabras en castellano, su étimo, como decían los griegos. Además, se hace mucho más fácil aprender otras lenguas neolatinas. El inglés, a pesar de no ser una lengua latina, participó de la misma fuerza unificadora. Incluso lenguas distantes, como el alemán y el ruso no son indiferentes al latín.


Lo que se heredó del Imperio Romano a lo largo de estos 27 siglos de uso del latín escrito no fue poco. Resumiendo, a la pregunta fatídica de ¿para qué sirve el latín hoy? yo contestaría con otra pregunta: ¿cómo no estudiar latín?

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Mario Eduardo Viaro, en elcastellano.org: La imporancia del latín en la educación. El artículo completo incluye una sección sobre etimología y otra sobre verbos y derivación.