2 feb. 2010

Internet también crea marginados


La brecha digital se ceba con pobres, mayores y población rural - No tienen acceso a gestiones que se han mudado al 'ciberespacio' 

En la revolución de Internet, que hoy en día llega a los teléfonos móviles, a las pantallas de televisión y hasta a los aviones, una buena parte de la población se ha quedado rezagada. Hay ancianos que no entienden lo que es un navegador web. Existen zonas empobrecidas, rurales y urbanas, que no disponen del cableado necesario para ofrecer banda ancha. Y hay jóvenes que dominan a la perfección los programas de chat y las redes sociales pero no saben cómo mandar un currículo en condiciones a través del correo electrónico. Son los marginados de la red, y ante una tecnología rápidamente cambiante, corren el riesgo de quedarse atrás.

Richard Brock es uno de ellos. Este residente de Washington de 65 años se ha dedicado toda su vida a la peluquería. Se considera a sí mismo un iliterato digital, la comprobación empírica de que la célebre brecha digital existe. "Yo pensaba que para enchufar un ordenador tenías que quitarle el plástico con el que venía enrollado", bromea. "Me di cuenta de que Internet se hacía necesario para la gente de mi edad, para organizarse el trabajo de la Iglesia, consultar servicios del Ayuntamiento, mantener el contacto con familiares y amigos".
Y no sólo para eso. Dada la grave crisis económica que vive Estados Unidos, Brock, ya jubilado, busca trabajo. "Y para eso sí que necesitas saber de ordenadores y de Internet". Un anciano que nunca ha aprendido informática, que no ha abierto un portátil en su vida, lo puede tener difícil, muy difícil, para volver al mercado laboral, en una dura crisis económica en la que las jubilaciones de muchos no están garantizadas y en la que los desahucios y los empeños son moneda corriente. Ésta es la verdadera cara de lo que se ha venido a llamar brecha digital.
Personas como Brock son los alumnos en la academia Byte Back, situada en el barrio de Brookland, en Washington, una zona de mayoría afroamericana. Este centro es un refugio de personas sin un techo en la red, ciudadanos que carecen de la formación y los medios para navegar por Internet. Aquí se imparten clases de informática, gratuitas, a personas que cuando llegan no saben lo que es un ordenador y que, cuando salen, pueden formatear un currículo, abrirse una cuenta de correo electrónico y mandarlo a un departamento de recursos humanos. Se trata de un pequeño puente, por precario que sea, que facilita un gran avance para sortear la brecha digital.