4 feb. 2010

COMO FUNCIONA LA RED GLOBAL DE INTERCAMBIO DE LIBROS "BOOKCROSSING" EN LA ARGENTINA



Adoran tanto los libros que los "pierden"

Son 3.000 personas que dejan libros en lugares públicos y arman cadenas de préstamos.

Es algo así como el fin de la propiedad privada. La revolución de papel. Es el ocaso de la manía de esa biblioteca intocable, para ver a la distancia de un brazo, brillosa en un rincón sin polvo. El "te lo presto si me lo devolvés ya" pierde lugar ante el "tenelo, leelo, prestalo y si vuelve, vuelve". En estos tiempos de mezquindad abundante, son cada vez más quienes adoran los libros tanto como compartirlos, que logran evadir esa barrera sistemática de lo propio para fomentar lo comunitario. La esencia de la red global bookcrossing ("intercambio de libros", en nuestra lengua), que en Argentina tiene 3.000 integrantes en diferentes puntos del país, es justamente esa: hacer circular libros por el mundo, armar cadenas de préstamos, liberarlos en espacios públicos para que sean "cazados" por no importa quién, abrirle la puerta a cualquiera para ir a jugar en el fastuoso patio de la lectura.

Bookcrossing funciona, básicamente, a través de Internet, en algo así como un foro (www.bookcrossing.com). Sus integrantes (los vernáculos se autodenominan "beceros", un derivado de BC, iniciales del movimiento) se registran y hacen lo mismo con los libros que quieren están dispuestos a compartir o liberar. Después, empieza el juego. Suelen juntarse e intercambiar sus tesoros; alguno puede dejar un ejemplar en algún rincón de la ciudad, lo que llaman "dejar el libro en la jungla" o, más radicales, organizan una liberación masiva, como la que hicieron en noviembre, en el Pasaje Dardo Rocha, de La Plata, donde dejaron 80 piezas, o las que idearon tras la muerte del uruguayo Mario Benedetti: su obra esparcida por las calles de Buenos Aires.

"Tenemos la utopía de hacer del mundo una gran biblioteca donde los libros circulen", cuenta Laura. Lo del "mundo" no es en sentido figurado: de esta red participan más de 800 mil personas en todo el planeta, y muchos de los seis millones de libros registrados han cruzado continentes.

El amor de Carolina por Borges (cuya frase "que otros se jacten de las páginas que han escrito, a mí me enorgullecen las que he leído" podría ser inspiradora para este grupo) la hizo "liberar" Ficciones y El aleph en su tumba y en una esquina, en Ginebra, Suiza. Ileana (Iluza) publicó en el foro su búsqueda de un libro de Isaac Asimov y al final lo recibió; en inglés, desde Finlandia, ¡el mismo día que alguien le mandó uno en español desde Buenos Aires! Las historias se repiten. Pero lo que más disfrutan los beceros es cuando un anónimo caza un libro y se suma a la red. "Es compartir algo que te gusta y colaborar con la cultura. En las liberaciones, las reacciones de la gente son graciosas, les da calor llevarse el libro, a pesar de la etiqueta gigante que les dice que de eso se trata ", cuenta Carolina, quien gracias al intercambio aprendió a disfrutar de Tomás Eloy Martínez o de Felisberto Hernández.

Los beceros argentinos no parecen limitar su generosidad. Este año ayudaron a que Concepción del Bermejo, un pequeño pueblo chaqueño armara su propia biblioteca pública, con la donación de 250 libros. Maximiliano, del grupo platense de beceros, lo explica: "Es compartir ese mundo maravilloso que es leer, esto es un refugio contra nuestras propias trivialidades".w