11 ago. 2008

UN CUENTO DE LAS OLAS

A Celmira Jurado
de Rafael Obligado.
¿Quién no ha visto en las orillasdel hermoso Paraná,esa banda, siempre verde,siempre móvil del juncal?En las horas de la siesta,cuando todo duerme en paz,en las cuerdas de esa liravan las olas a cantar. Almas buenas y sencillas,venid todas, y escuchadlo que dicen esas olasen el arpa del juncal.Cuando el delta en muda calmabajo el sol de Enero está,y el silencio es más sensibleporque arrulla la torcaz,Ellas cuentan una historiaque repiten sin cesar,una historia en que hay un nidoy un cantor del Paraná.Sucedió que en varios juncosreunidos en un haz,con totoras y hojas secashizo nido un cardenal.¡Con qué orgullo miró el ave,bajo el sol primaveral,sobre el agua movedizacolumpiándose, su hogar! Una rama de un seíbo,inclinada hacia el raudal,le dio sombras, flores rojas...cuanto un árbol puede dar.Y extendiendo hasta aquel nidolargo vástago un rosal,fue en sus bordes, la mejillade una rosa a reclinar.¡Qué contenta estaba el ave!¡Qué prodigio musicalera entonces su garganta!¡Qué inquietudes y qué afán!...Pasó el tiempo. En el estíolos polluelos no son yatan pequeños, y hasta suelenbreves trinos ensayar.Pero el río fue creciendo,fue creciendo más y más,y hubo un día en que una olasaltó al seno del hogar. ¡Qué aleteos bulliciososles produjo el golpe audaz!...siempre ha sido de la infanciafestejar la tempestad.Recio viento de los llanosuna tarde hirió la faz,con el choque de sus alas,del soberbio Paraná;Y las olas, irritadas,empinándose a luchar,en espuma convirtieronsu serena majestad.¡Cómo duermen los pequeñosmientras brama el huracány las ondas los salpicancon su polvo de cristal!Se vio el nido estremecerse,y a su empuje, vacilar,mas sus crestas no alcanzarona la altura del juncal. Pues si el río fue creciendocada día más y más,él también fue levantandosus varillas a la par.Almas buenas y sencillasque en la tierra hacéis hogar,elegidlo con la cienciadel pintado cardenal.

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