23 ago. 2008

EL VIEJO FUERTE DE BUENOS AIRES

El viejo fuerte de Buenos Aires, como se equipaban antes los soldados de
infantería y caballería, armas, lazos, boleadoras, un falso enterratorio
indígena.
En la revista El Fogón, (Año VIII, Núm. 304, Montevideo, noviembre 30 de
1905), dirigida por el poeta criollista Alcides de María, (que
frecuentemente firmaba) Calixto el Ñato o El viejo Calixto, con el título
Arqueología criolla, se publica un interesante reportaje al general
Bustillo. No se menciona su nombre, pero debe ser el general José María
Bustillo, que nació en 1816, participó en las batallas de Cepeda y Pavón y
en la guerra del Paraguay; fue presidente del Club del Progreso y falleció,
lúcido, entero y con gran memoria, a los 94 años de edad. El reportaje
titulado Arqueología criolla, expresa; "Tomamos del diario La Nación de
Buenos Aires, el siguiente reportaje hecho al general Bustillo, con motivo
de unas famosas boleadoras desenterradas hace poco de la Casa Rosada, como
le llaman por allá (Buenos Aires) al palacio de Gobierno Nacional".
-¿Quiere usted que le diga lo que en resumidas cuentas, representa esa
supuesta huaca con que estos momentos se estimula la siempre susceptible
curiosidad pública?

"-Pues, ¡sí a eso vinimos, general!...
¨"-Oiga usted, entonces; el el año 27 (1827) tenía yo 12 años solía ir con
otros amigos a dar un paseo por los baluartes del antiguo fuerte español,
que hace poco demolieron paran levantar en su sitio la actual Casa de
Gobierno.
"Era aquello una maciza construcción de tierra y ladrillo que, rodeada de un
foso, abría su puerta bajo un arco con puente levadizo, sobre la plaza que
se denominó 25 de Mayo.
"En la parte interna de cuadrilátero que rodeaba sus muros, se extendía las
anchas plataformas en que estaban emplazadas las gruesas puertas de hierro y
de bronce, hasta la que se subía por suaves rampas rellenas de tierras
empedradas.
"Estas plataformas estaban construidas sobre una fuerte arquería de cal y
canto, quedando debajo unas largas cuadras que servían para depósitos de
armas o talleres de maestranzas.
"Había una parte destinada a las armas de infantería, y allí, en armeros
colocados contra el muro del fondo, se alineaban los antiguos fusiles de
chispa con sus respectivos correajes que , como usted sabe, eran
constituidos por fornitura cruzada sobre el pecho y espalda, sosteniendo una
la gran cartuchera de vaqueta y la otra el biricú en que iba la bayoneta
triangular y de cubo.
"En otro sitio se preparaban los equipos de caballería, constituida en
aquellos tiempos por milicias irregulares destinadas a guarecer las
fronteras, siempre amenazadas por los indios.
"Los soldados que formaban estos contingentes, como entonces se los llamaba,
eran gauchos venidos de los lejanos partidos de las provincias, hombre
nacidos sobre el caballo y teniendo que proseguir su vida semisalvaje, aún
bajo las banderas de la Patria, necesitaban para procurarse el alimento, dar
caza al potro salvaje, y para esgrimirlos, tal vez con más éxito y eficacia
que sus armas de guerra en sus encuentros cuerpo a cuerpo, sus cargas y
persecuciones, de los útiles camperos, en cuyo manejo eran asombradamente
diestros.
"Se equipaba, pues, la caballería, además de lanzas, carabinas y sables, con
lazos y boleadoras , construyéndose estas últimas, es decir la operación de
forrarlas de cuero y ligarlas entre sí, en aquellos talleres de que he
hablado, que se extendían en bóvedas por debajo de las baterías.
"Claro está que el efectuar esta operación, que se hacía con piedras traídas
expresamente desde las sierras del sur, porque allí cerca no había más que
toscas, se utilizaban las más perfectas y se arrojaban las irregulares.
"Este trabajo lo he visto practicar infinidad de veces, siguiendo con
interés no solamente de niño, sino también con un inicial instinto guerrero,
todo lo que se refería a aquellos bélicos arneses, porque así como las
panoplias caballarescas entraban las bellotas de acero, la maza, y otras
más, arrojadizas y contundentes, aquí a nuestros jinetes pampeanos se les
equipaba con lo que era propio de sus costumbres, y natural a las
necesidades de su vida nómade en las soledades del desierto.
"Luego, cuando se efectuaron las modernas construcciones, al demoler los
paredones del viejo fuerte, quedaron allí abajo todos eso residuos de los
antiguos talleres.
"Han pasado los años, alejándose con ellos la tradición, y haciendo cada vez
más extraños y misteriosos los hechos y las cosas de las pasadas épocas.
"Un buen día se abre un agujero en el suelo conglomerado por añejas
construcciones; se encuentran unas piedras redondeas y una canilla... y
surge una tribu, y se levanta el fantasma de no se que drama primitivamente
salvaje.
¿Entiende usted, mi amigo?
-"Ya... ya... ¡No hay tales fósiles enterrados!
-¡No, pues!- exclamó alegremente el benemérito veterano, añadiendo;
"-Yo no soy arqueólogo, soy un soldado viejo que sé también de cosas del
pasado"...


Rodolfo E. Parbst

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