10 ene. 2009

Cervantes por Dostoievski

Por Fedor Dostoievski
LA MENTIRA SE SALVA DE LA MENTIRA (ACERCA DE DON QUIJOTE)
Con pasión y desmesura, Dostoievski transmite la conmoción que le provocó la lectura de Don Quijote y las ideas y sensaciones que la novela de Cervantes sembró en él.
Don Quijote es un gran libro; es del número de los eternos, de esos con que sólo de tarde en tarde se ve gratificada la Humanidad. Y observaciones análogas respecto
de lo más profundo de nuestra humana naturaleza se hallan en ese libro, en cada página. Ya el solo hecho de que Sancho, esa encarnación de la sana razón, de la prudencia y la áurea medianía, se consagrase a ser amigo y compañero de aventuras del más loco de los hombres, él precisamente y no ningún otro, es notable. Se pasa todo el tiempo engañándolo como un niño y, no obstante, está plenamente convencido del gran talento de su amo; se conmueve hasta lo patético ante su grandeza de alma, cree a pies juntillas en todos los fantásticos sueños del caballero y ni una sola vez pone en duda que aquél habrá de conquistar algún día una ínsula para regalársela. ¡Cuán de desear sería que nuestros jóvenes conociesen esa gran obra! No sé lo que ahora pasará en las escuelas, con la literatura; pero sí sé que ese libro, el más grande y triste de cuantos libros ha creado el genio de los hombres, levantaría el alma de más de un joven con el poder de una gran idea, sembraría en su corazón la semilla de grandes problemas y apartaría su espíritu de la sempiterna adoración del estúpido ideal de la medianía, del orondo amor propio y la vulgar sabiduría práctica.
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