28 mar 2010

Un gran misterio: ¿por qué leemos libros?



En un momento en que los libros parecen estar librando una sísifea batalla contra las fuerzas de Internet, la idea de que alguien pueda pasar de la indiferencia literaria a una pasión devoradora parece, lamentablemente, descabellada.

¿Se ha desvanecido toda esperanza o la gente todavía se siente atraída por el paisaje literario? Y ¿qué es exactamente lo que convierte a alguien en un amante de los libros que quiere más y más?

No existe una respuesta empírica. De ser así más libros se venderían tan bien como la saga de "Harry Potter" o "El Código Da Vinci". La gestación de un
lector verdadero y comprometido es en cierto modo un proceso mágico, forjado, en parte, por fuerzas externas, pero también por una chispa de la imaginación.

Tener unos padres que leen ayuda mucho, pero no es una garantía absoluta. Los profesores y bibliotecarios devotos también pueden influir. Pero a pesar de la proliferación de grupos y blogs literarios, en última instancia, la lectura es un acto privado. "Por qué la gente lee lo que lee es un gran misterio y algo personal", dice Sara Nelson, editora jefe de la revista Publishers Weekly.

Con frecuecia, pedir a alguien que explique por qué lee es invitar a una
racionalización elegante. Junot Díaz, autor de "La breve y asombrosa vida de Oscar Wao", recuerda vívidamente que tropezó con una biblioteca móvil poco después de que su familia emigrara de la República Dominicana a Nueva Jersey cuando tenía 6 años. Tomó prestado un libro de imágenes de Richard Scarry, una colección de cuadros de paisajes del s XIX y una versión de "El Signo de los Cuatro" de Arthur Conan Doyle.

¿Qué tenían estos tres títulos para convirtirle en un loco de los libros? "Podría inventar una historia que explicara el mito de la creación de mi fiebre lectora", dijo Díaz. "Pero sería algo irreal. Lo que nos hace vulnerables a ciertas prácticas, y no a otras
es un misterio."

Salvedades aparte, hay algunas pistas sobre qué puede transformar a alguien en un lector asiduo.

"The uncommon reader" plantea la teoría de que el libro adecuado en el momento adecuado puede desencadenar un hábito de por vida. Este es un ideal romántico que persiste entre muchos bibliófilos.
"Puede ser como una droga en un sentido positivo", dijo Daniel Goldin, director general de la Librería Harry W. Schwartz en Milwaukee. "Si das con el libro que haga que una persona se enamore de la lectura, querrá otro."

La mayoría de las veces la experiencia se produce en la infancia.
Es la edad en que se encuentra ese libro la que determina el hábito para el resto de la vida. Cuanto más joven lo encuentras, más probable es que vayas a ser un gran lector.

Pero ¿qué convierte a ese libro en el desencadenante de una
lectura continuada? Para algunos, es el descubrimiento de que un personaje de un libro es como nosotros, o piensa y siente como nosotros. Para otros no es tanto la identificación como la adopción de la otredad lo que les atrae a la lectura. Es la fascinación de intentar descubrir un mundo desconocido. A veces el mundo de la lectura se abre gracias a un libro fácil de leer.
Hay quien opina que la lectura es un ejercicio que, al igual que el ballet o el béisbol, simplemente exige práctica. "Para mucha gente la lectura es simplemente algo más que hacer," dijo Paula Brehm Heeger, presidente de la Young Adult Library Services Association. "Y de pronto te das cuenta de que realmente te gusta."

La cuestión de si la lectura, o la lectura de libros en particular, es algo fundamental se complica por el hecho de que parte de lo que atrae a la gente a los libros se encuentra disponible también en otros medios y no hay tiempo para consumirlo todo.

Los lectores que desean saber que no están solos se ven reflejados a sí mismos en los blogs que proliferan en Internet. Y algunas series de televisión pueden satisfacer el hambre de narrativa y de personajes bien desarrollados como sólo podían hacerlo los libros en épocas anteriores.

Pero el libro ha sobrevivido a muchas sentencias de muerte y es probable que vuelvan a hacerlo. "Soy mucho más optimista que la mayoría de la gente", dijo Díaz. La lectura se resiente porque tiene que competir injustamente con películas, programas de televisión y aparatos electrónicos cuya comercialización cuanta con presupuestos mucho mayores que los de los editores. "Los libros no tienen miles de millones de dólares de publicidad detrás de ellos", dijo Díaz. "Teniendo en cuenta que los libros no cuentan con esa ventaja no están haciendo un mal trabajo".


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El artículo original se publicó en en New York Times. Su autor es Motoko Rich.
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Una traducción casi completa salió publicada en El País del jueves 13 de diciembre, en el suplemento New York Times en español, accesible únicamente en la edición impresa.

La transcripción que has leido es mérito del traductor de google, de la consulta de la traducción impresa antes mencionada y de modestas aportaciones de mi propia cosecha.

La ilustración es la que acompañaba la versión original del artículo del NYT.



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26 mar 2010

AL RESCATE DE LOS JÓVENES LECTORES PERDIDOS


Los mismos chicos que habían disfrutado prácticamente desde la cuna de todo tipo de estímulos en forma de libro (de trapo o de plástico; de cartón; con stickers y, por fin, de papel y con grandes ilustraciones coloridas) se descorazonan, se aburren o, peor aún, se avergüenzan de leer más de un libro o dos por año, y temen las burlas de sus pares.
Paradoja de paradojas, hoy que el conocimiento se privilegia como casi la única vía de acceso al mundo “tecnologizado” del futuro (que ya es hoy), los “cabecillas” juveniles abominan de él y lo desprecian. Es entonces cuando expertos en educación y protagonistas del circuito literario se enzarzan en discusiones no siempre fructíferas acerca de las dificultades en la comprensión de textos por parte de los chicos de más de 8, 9 o 10 años en adelante, de las nuevas habilidades que traen el uso de Internet y las redes sociales y, por fin, del desafío de saber aprovecharlas. ¿Dónde empieza verdaderamente el Triángulo de las Bermudas de los jóvenes lectores?
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Al rescate de los jóvenes lectores perdidos
Graciela Melgarejo. 18.07.09
Qué raro. Justo cuando la vida empieza a ponerse más interesante -más confusa y más ambigua, también-, cuando ya se domina más o menos con facilidad el código común (y la lectoescritura, con perdón de la palabra), es el momento elegido para que se produzca una fuga en masa de lectores. Los mismos chicos que habían disfrutado prácticamente desde la cuna de todo tipo de estímulos en forma de libro (de trapo o de plástico para el momento del baño; de cartón para soportar el "tránsito pesado"; con stickers o con elementos aptos para mayores de 3 años y, por fin, de papel y con grandes ilustraciones coloridas) se descorazonan, se aburren o, peor aún, se avergüenzan de leer más de un libro o dos por año, y temen las burlas de sus pares.
Paradoja de paradojas, hoy que el conocimiento se privilegia como casi la única vía de acceso al mundo "tecnologizado" del futuro (que ya es hoy), los "cabecillas" juveniles abominan de él y lo desprecian. Es entonces cuando expertos en educación y protagonistas del circuito literario se enzarzan en discusiones no siempre fructíferas acerca de las dificultades en la comprensión de textos por parte de los chicos de más de 8, 9 o 10 años en adelante, de las nuevas habilidades que traen el uso de Internet y las redes sociales y, por fin, del desafío de saber aprovecharlas.
¿Dónde empieza verdaderamente el Triángulo de las Bermudas de los jóvenes lectores? ¿Es la imagen todopoderosa la culpable de que pierdan de vista la gramática, que por contraste resulta poco "placentera"?, ¿o son los ejercicios de los maestros y profesores sobre textos literarios (por ejemplo, analizar en el texto cuáles son las funciones del adjetivo o algo parecido) los que hacen que los jóvenes ya no disfruten de la lectura?
Como siempre, las razones y las respuestas son muchas y variadas, de acuerdo con quién sea el consultado.
El psicoanalista, docente y escritor Eduardo González (autor del libro de relatos Cementerio clandestino y de las novelas El fantasma de Gardel ataca el Abasto, El secreto de Leonardo Da Vinci, La maldición de Moctezuma; coautor con Osvaldo Aguirre de la divertida Graffiti Ninja, y distinguido, entre otros galardones, con el Primer Premio del Concurso de Relatos Policiales "Indio Martín" de Cuba, en 2004) opina que el fenómeno es muy amplio y uno de los principales motivos es "el retiro del cuidado de los adultos hacia los chicos". La oferta intelectual está atrasada un siglo, para González, y los adultos, que han creado la cultura de consumo, critican a los jóvenes por ser consumidores:
Hoy la adolescencia comienza antes y termina mucho después, y como el marketing les da importancia a los adolescentes sólo como consumidores, la oferta que se les hace es paupérrima: emborracharse y bailar. Decir que se lee es hablar de un vínculo estable, y todo lo que implique estabilidad está hoy cuestionado. Los adultos de más de 40 años no quieren vínculos adultos y los adolescentes también se avergüenzan de tener una pareja estable, por lo cual se establece una relación perversa entre lo efímero, la soledad y el consumo. Pero siempre quedan los grupos atrincherados entre sus pares; por ejemplo, los lectores fanáticos de Tolkien.
Por supuesto, también hay voces optimistas, como la de un editor de raza, que no tiene miedo a publicar lo que le gusta: Daniel Divinsky, que sacó el año pasado en Ediciones de la Flor El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, con las ilustraciones del gran Crist, muy recomendable para lectores de 18 años en adelante, y cuya edición de Los libros de Alicia, de Lewis Carroll (con traducción anotada de Eduardo Stillman y prólogo de Jorge Luis Borges), ya va por la quinta reimpresión.
Yo creo que si estamos en la cultura de la imagen, la captación de lectores jóvenes debe darse por la historieta y la novela gráfica, aunque las colecciones de antes, con Salgari y Julio Verne, se siguen vendiendo. Y también está la lectura en pantalla, de la cual no hay cifras porque es muy difícil de mensurar. Además, hace diez años era difícil que un autor que no hubiera aparecido en un diario o en una revista fuese más o menos conocido; en cambio, hoy, un autor (como Liniers) es conocido por su blog y por su página Web. Y no deberíamos dejar a un lado la influencia de lo que me gusta llamar la lectura clandestina, es decir, la que se recomienda sin querer desde alguna telenovela, como ocurrió alguna vez en Rolando Rivas taxista, cuando su autor, Alberto Migré, hacía agotar ediciones sólo por haber nombrado alguna obra en particular 
 
 

23 mar 2010

EL FIN DE LA PRIVACIDAD EN INTERNET

A pesar de las precauciones que se puedan tomar, los contactos relacionados de una cuenta en redes como Facebook, Twitter o Flickr sirven para reconstruir el perfil de un usuario en la Red

 

En las redes sociales, la gente puede incrementar sus defensas contra la identificación adoptando rigurosos controles de privacidad sobre la información en perfiles personales. No obstante, las acciones de una persona, dicen los investigadores, raramente son suficientes para proteger la privacidad en el mundo interconectado de Internet.
Quizás usted no revele información personal, pero sus amigos y colegas online pueden llegar a hacerlo por usted, refiriéndose a la escuela o a su empleador, a su género, su ubicación y sus intereses. Los patrones de comunicación social, explican los investigadores, son reveladores.
"La privacidad de una persona ya no es un tema individual", dijo Harold Abelson, profesor de ciencias de la computación en el M.I.T. "En el mundo online de la actualidad, lo que tu madre decía es más que cierto: la gente realmente puede juzgarte por los amigos que tienes".
Toda junta, la información sobre cada individuo puede formar una distintiva "firma social", aseguran los investigadores.
El poder de las computadoras para identificar personas a partir de patrones sociales solamente fue demostrado el año último en un estudio llevado a cabo por el mismo par de investigadores que ingresó a la base de datos anónima de Netflix: Vitaly Shmatikov, un profesor asociado de ciencias de la computación, en la Universidad de Texas, y Arvind Narayanan, ahora investigador en la Universidad de Stanford.
Examinando correlaciones entre varios informes online, los científicos demostraron que podían identificar a más del 30 por ciento de los usuarios de Twitter, el servicio de microblogs (micro-bitácoras), y de Flickr, un servicio online destinado a compartir fotografías, aunque a los informes se les había quitado la información identificatoria (nombres de cuentas y direcciones de correo electrónico).
"Cuando unes estos grandes paquetes de datos, una pequeña porción de nuestro comportamiento y la estructura de nuestras redes sociales pueden dar lugar a la identificación", dijo Shmatikov.
Incluso más perturbador para los defensores de la privacidad es el trabajo de dos investigadores de la Universidad Carnegie Mellon . En un artículo publicado el año último, Alessandro Acquisti y Ralph Gross informaron que pudieron predecir con precisión el número de afiliado a una obra social completo, de nueve dígitos, del 8,5 por ciento de las personas nacidas en Estados Unidos entre 1989 y 2003, prácticamente cinco millones de personas.
Los números de afiliados a obras sociales son muy valiosos para los ladrones de identidad porque los utilizan como identificadores y para autenticar transacciones bancarias, tarjetas de crédito y otros tipos de transacciones.
Los investigadores de la Universidad Carnegie Mellon usaron información que se encontraba disponible públicamente, que tomaron de diversas fuentes, incluyendo perfiles en redes sociales, con el fin de acotar la búsqueda relacionada con dos datos fundamentales para identificar a una persona: la fecha de cumpleaños y la ciudad o el estado donde ésta nació.
Eso les ayudó a descubrir los tres primeros dígitos de cada número de afiliado a una obra social, el cual había sido asignado por el gobierno según la ubicación. Los seis dígitos restantes habían sido asignados a través de métodos que el gobierno no reveló, a pesar de que estaban relacionados con el momento en el cual la persona solicitó ese número. Los investigadores utilizaron proyecciones vinculadas con dichas solicitudes y otros datos públicos, como los números de afiliado a obras sociales de personas fallecidas, y luego ejecutaron ciclos repetidos de correlaciones estadísticas y deducciones para re-diseñar parcialmente el sistema de asignación del gobierno.
Con seguridad, el trabajo de Acquisti y de Gross sugiere un riesgo potencial, no real. Pero una investigación que ellos efectuaron y que no ha sido publicada explora la manera en la cual los delincuentes podrían usar técnicas similares para esquemas de robo de identificación a gran escala.
Más generalmente hablando, quienes defienden la privacidad están preocupados por que las nuevas fronteras de la recolección, operación y extracción de datos están en su mayoría desreguladas. Ellos temen a la "lista negra online", donde los productos y los servicios se ofrecen a algunos consumidores y no a otros, tomando como base deducciones estadísticas y predicciones sobre individuos y su comportamiento.
La FTC y el Congreso están evaluando medidas como por ejemplo: requisitos industriales más severos y la creación de una lista "no rastrear", similar a la lista federal "no llamar", con el fin de detener la monitorización online.
Pero Jon Kleinberg, un profesor de ciencias de la computación en la Universidad Cornell , quien estudia redes sociales, se muestra escéptico respecto de que las reglas tengan gran impacto. Su consejo: "Cuando estás haciendo algo online, deberías comportarte como si lo estuvieras haciendo en público".
© NYT Traducción de Angela Atadía de Borghetti 

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22 mar 2010

LA EDUCACIÓN EN LA ANTIGUA ROMA


La educación va a experimentar una profunda evolución a lo largo de la historia de Roma, determinada en primer lugar por la influencia griega que se produce desde el siglo III a.C. y en segunda lugar por la estrecha relación del sistema educativo con la sociedad del momento y con la configuración estatal.

Bien es cierto que encontramos una serie de elementos que se manifiestan a lo largo de todos los momentos históricos: el carácter aristocrático del sistema educativo y su relación con la ciudad, configurando una educación netamente urbana, por lo que debemos advertir que la educación se circunscribe a la población ciudadana y libre del Imperio al tiempo que la mayoría de las escuelas se instalan en los municipios.
En las aldeas o pequeños pueblos existían rudimentarias escuelas pero con escaso éxito.
Podemos distinguir tres periodos educativos en la historia de Roma: el primero correspondería a siglos VIII-III a.C. -la Monarquía y los primeros momentos de la República-; el segundo al periodo comprendido entre los siglos III a.C. y II d.C.; y el tercero al Bajo Imperio. En el primer periodo la educación se circunscribe al ámbito familiar, involucrando especialmente al patriciado y a la nobilitas. M. Porcio Catón enseñó a su hijo "las letras, le daba a conocer las leyes y lo ejercitaba en la gimnasia, (...) a manejar las armas y a gobernar un caballo".

La educación en el hogar se extiende hasta los 17 años, cuando pasa la adolescencia. La madre será la encargada de los primeros momentos, hasta los siete años. Desde esa edad queda a cargo del pater familias con quien acude a diversas actividades. A los 17 años adopta la toca viril e inicia una nueva fase educativa, fuera de la familia pero controlada por ésta. El ejército y la política serán las dos direcciones que tome nuestro joven noble y su enseñanza correrá a cargo de algún conocido o amigo del pater. El primer año está destinado a conocer la vida pública y después pasa al servicio militar donde aprenderá a luchar por la patria, subordinando el individuo a la comunidad.
A partir del siglo III a.C. el mundo romano vivirá un contundente proceso de helenización que en un primer momento afectará a los círculos nobiliarios para irse diluyendo entre toda la sociedad paulatinamente.
El proceso se acentuará tras la Tercera Guerra Macedónica al difundirse la utilización del griego entre los miembros de la nobilitas, al tiempo que un amplio número de retóricos y filósofos griegos desembarcan en la península Itálica, muchos de ellos como esclavos. Este acercamiento al mundo helenístico no estuvo exento de polémica como el decreto de expulsión de todos los filósofos y retóricos griegos que dictó el Senado en el año 161 a.C., expulsiones que se sucederán en el tiempo. Pero a la helenización de la sociedad no se le podía poner freno y el propio Catón, uno de los más encendidos defensores de la tradición romana, estudiará a los maestros griegos.
Como es lógico pensar, este proceso de helenización tendrá su reflejo en la educación. Desde los últimos años de la República lo educativo abandona el entorno familiar para convertirse en algo público.

Algunos emperadores regularán el proceso educativo o reducirán los impuestos a los gramáticos y retóricos. Vespasiano creará en Roma sendas cátedras de retórica latina y griega. Este mecenazgo pedagógico se extiende desde los emperadores a las aristocracias locales que también participan de la educación en sus ciudades, financiándola si es necesario.
El sistema educativo se establecería en tres niveles: elemental, secundario a cargo del grammaticus y superior, dirigida e impartida por los retóricos. Al nivel elemental se acedía con siete años y se abandonaba con doce, situándose la escuela en el foro. Allí los alumnos reciben las clases del magister, quien percibe por cada alumno un sueldo de 50 denarios. La mayoría de los alumnos van acompañados a la escuela por un esclavo llamado paedagogus y disfrutan de vacaciones entre los meses de agosto y septiembre. Lectura, escritura, cálculo y recitación serán las enseñanzas impartidas. Las enseñanzas secundaria y superior presentan unos caracteres más clasistas. La secundaria abarca entre los doce años y los diecisiete, momento que el joven toma la toga viril.
El grammaticus es el encargado de impartir las enseñanzas que versan sobre la lengua y el conocimiento y estudio de los clásicos, recibiendo por cada alumno 200 denarios al mes. El lugar donde se imparte es en los pórticos abiertos del foro. La enseñanza superior estaría dirigida por el rethor quien llegaba a cobrar hasta 2.000 sestercios anuales por alumno. Las reglas del arte de la oratoria y su práctica serán las enseñanzas impartidas, a pesar de que desde Augusto este arte no era vital para participar en política. Sin embargo, las escuelas superiores surtirán a la administración de altos funcionarios y prestigiosos juristas. Durante el Bajo Imperio observamos una serie de modificaciones en el sistema educativo, especialmente por el intervencionismo estatal y la influencia cada vez más manifiesta del cristianismo. Las mayores necesidades burocráticas del Estado supondrán un aumento de los estudiantes de enseñanza superior al tiempo que los emperadores restauran las escuelas.
En el año 425 Teodosio II creará una universidad en Constantinopla donde los profesores sólo podrán ejercer la docencia en esta institución. En referencia al cristianismo, las escuelas cristianas irán sustituyendo paulatinamente a la educación helenística, anticipando el orden medieval incluso en su estructura ya que se establecían diversos niveles: monásticas, episcopales y presbiteriales.
Fuente

VIAJE POR ESPAÑA Y PORTUGAL





La Biblioteca Virtual de Andalucía en su signatura “Libros de viaje por España en el siglo XIX” tiene más de 50 obras de diversos autores y en varios idiomas ENLACE , entre ellos figura “Voyage pittoresque en Espagne et en Portugal” (Viaje pintoresco por España y Portugal) escrito por Emile Bégin y editado en 1852, esta obra tiene varias ilustraciones realizadas por los hermanos Rouargue.

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