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13 ene 2012

Los libros y la lectura en el arte

Un breve recorrido por el arte nos muestra que los libros también son protagonistas en muchas obras.

Y la lectura, un tema explotado y explorado por muchos artistas. 

Y todos los cuadros, cada uno en su estilo, son capaces de reflejar ese ambiente personal e intransferible, sosegado, que todo lector reconocerá.

Salud y buena lectura.

Podrás ver las imágenes más grandes si pinchas en ellas. Incluso podrás ver el título y el autor en el nombre de la imagen.



5 ene 2012

La Antigüedad en el Fondo Antiguo de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla (2011)


30 nov 2011

El futuro de las publicaciones electrónicas

El ámbito de las publicaciones electrónicas y todo el ecosistema que las
rodea constituye el último eslabón en el proceso de digitalizació n de la
experiencia de consumo de contenidos. El vídeo, la música y la fotografía
ya han recorrido este camino con anterioridad y son ahora los libros, las
revistas y los diarios los que están adentrándose en este proceso de
transformació n que conducirá a nuevos e interesantes escenarios.

Más allá de disfrutar de la lectura de un libro electrónico en un
e-Reader, en un futuro muy próximo se podrá experimentar una nueva manera
de leer un periódico al mismo tiempo que se ve un vídeo o de visualizar
gráficos en movimiento al leer un artículo en una revista mientras se
consulta la información a través de una interfaz multitáctil en un
dispositivo dedicado. Los nuevos formatos interactivos nos permitirán
hacer de la experiencia de la lectura algo diferente a lo que es hoy en
día. En la actualidad se están explorando no solo nuevas formas de
visualización y navegación sino de lectura y compartición de contenidos
que permiten, entre otras cosas, hacer comentarios y anotaciones
colectivas, llevar a cabo una lectura sincronizada desde diferentes
dispositivos o experimentar nuevas formas de consultar información. No
obstante, aún existen muchas dudas sobre los formatos definitivos que
triunfarán; en este sentido, en relación a los e-book (terreno en el que,
junto con el de los diarios, más se ha avanzado), hay que citar al ePub
como uno de los más populares en la actualidad. Sin embargo, en el ámbito
de las revistas existe todavía un universo por explorar. Los usuarios,
por su parte, demandan portabilidad en los formatos de manera que ello
les asegure disponer de manera universal de sus contenidos en cualquier
lugar, en cualquier momento y desde cualquier dispositivo.

Por otro lado, están apareciendo nuevas categorías de dispositivos más
allá de los e-Readers o libros electrónicos. Se trata no solo de los
tablets, cuyo precursor es el iPad de Apple, sino de múltiples
dispositivos multimedia que configuran una nueva generación de terminales
que vienen a transformar la experiencia de la lectura y, además, permiten
el acceso al contenido desde la Red. Sin duda, para que toda esta nueva
generación de dispositivos vea la luz es esencial la tecnología
subyacente: la tinta electrónica, las tecnologías que facilitan la
interacción (sobre todo la interfaz táctil) y las baterías, así como los
servicios inalámbricos de comunicación asociados a los dispositivos que
facilitan esta nueva experiencia de lectura y que son los verdaderos
habilitadores de esta nueva forma de consumo.

El ecosistema de las publicaciones electrónicas reunirá en definitiva a
agentes actuales del mundo editorial y digital que configurarán diversos
modelos de negocio aún no definidos. Los agentes actuales desempeñarán
nuevos roles y se crearán modelos que hasta ahora no habían sido posibles
pero que ahora, gracias a la tecnología, sí lo son. Además, los modelos
de cobro evolucionarán siendo por ejemplo frecuentes los modelos Freemiun
financiados por publicidad, las versiones Premium, el pago por contenidos
fragmentados, las tarifas planas, etc., y también la posibilidad de
realizar impresión bajo demanda gracias a las máquinas de impresión
personalizadas.

Sin duda las nuevas tecnologías inauguran una nueva forma de leer que ya
ha dado en denominarse «lectura digital».

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Los archivos de mensajes de INFODOC se pueden consultar

en la dirección http://listas. bcl.jcyl. es

24 oct 2011

Hacia un nuevo concepto de biblioteca

biblioteca online

La irrupción de las nuevas tecnologías relacionadas con el libro electrónico e Internet pueden llevar a las bibliotecas públicas a replantear, en parte, su función.
Para muchos ciudadanos, una biblioteca es simplemente un lugar donde conseguir libros de manera gratuita por un periodo limitado de tiempo. Si bien desde algunas administraciones públicas ese es el modelo que quieren mantener -cuestiones de presupuesto y falta de interés por la cultura a partes iguales- una biblioteca pública debe, y en ocasiones consigue, ofrecer mucho más que eso.
Una biblioteca es un lugar de encuentro, un punto de acceso libre a la información, un lugar de consulta y estudio, un sitio donde no sólo hay libros sino que se puede conseguir cualquier tipo de contenido audiovisual; las bibliotecas, además, son sitios imprescindibles para exposiciones y actividades culturales.
Pues bien, Amazon ya está poniendo en marcha un sistema de préstamo para bibliotecas públicas a través de su plataforma de ebooks y el Kindle, hoy por hoy el lector número uno en Estados Unidos. El usuario tan sólo tiene que acceder a la web de la biblioteca en cuestión, seleccionar el libro que desea y descargar el libro a su lector, donde permanecerá los días tipificados en el préstamo. Los libros pasan a estar «licenciados», es decir, que cada biblioteca compra un número determinado de «copias» por libro, es decir, las que podrán ser utilizadas al mismo tiempo.
Trasladado a España me surgen un montón de posibilidades y dudas. Desconozco cuál es la postura general de las bibliotecas frente al préstamo digital -por lo quecomentamos aquí, da un poco de miedo- ya que el trabajo que se está haciendo es el de prestar lectores electrónicos como si fueran libros, en lugar de que el usuario se lleve un ebook en su propio lector.
Tal y como están planteadas muchas bibliotecas en España me pregunto si la aparición de bibliotecas públicas virtuales, creadas exclusivamente para el préstamo online, no mejoraría la situación de las actuales o, al menos, forzaría a algunos dirigentes políticos a ofrecer esos servicios adicionales al préstamo que hacen tan importante a las bibliotecas de barrio o de pueblo. Lo que temo profundamente es que, con esa concepción decimonónica que caracteriza a la clase dirigente de este país, encuentren que el paso a lo virtual es una excelente opción para ir cerrando bibliotecas físicascon la excusa de que se hayan quedado obsoletas.

14 oct 2011

La Library of Congress lanza un sitio cooperativo para tesoros musicales


7 oct 2011

EXPOSICIONES DE BIBLIOTECAS


29 dic 2010

LA BIBLIOTECA DE LA ALHAMBRA


29 nov 2010

LA NUEVA CARA DE LA BIBLIOTECA



Ángela Ávalos R. aavalos@nacion.com 05:03 p.m. 19/11/2010

A Jéssica Calderón le pasaba las mías cuando, de pequeña, debía ir a la biblioteca: “Yo solo iba para hacer trabajos del cole, porque el lugar me parecía cansado y aburrido”, comentó.
En mi caso, conocí una biblioteca hasta que entré al colegio y conservo la imagen de un sitio al que había que entrar con la boca sellada para no hacer ruido (¡qué difícil imponerle eso a una adolescente!). ¡Shhhhhh! era la regla en Tibás, la misma que Jéssica tuvo que respetar en Palmares, donde estudió.
Recuerdo a la bibliotecóloga salir de entre los estantes llenos de libros viejos con su figura rígida y su andar pausado.
Por eso, cuando Olga Rodríguez me habló de la intención de transformar las bibliotecas públicas del país en lugares de interacción entre las diferentes generaciones, y en sitios donde las nuevas tecnologías se abrieran espacio sin acabar con la insustituible experiencia de tocar un libro, pensé: “Tengo que ver esto”.
La verdad es que todavía funcionan bibliotecas públicas que más parecen enormes mausoleos blancos, enos de libros pero vacíos de gente.
En muchos centros de enseñanza de primaria y secundaria, las bibliotecas han cedido su espacio a modernos centros de cómputo.
Parece inevitable: con la llegada de Internet y las nuevas tecnologías de la información, este tipo de servicios se han enfrentado al reto de modernizarse o morir, tragados por el ciberespacio y el mar de datos que circulan en la red de redes.
Bibliotecas mundialmente famosas y emblemáticas como la del Congreso de los Estados Unidos, la del Museo Británico o la Biblioteca Nacional de Francia, han invertido sumas millonarias en un proceso en que le llevan años luz de distancia a nuestro país.
Olga Rodríguez, directora del Sistema Nacional de Bibliotecas (Sinabi), asegura que ya varias de las 57 bibliotecas públicas están probando con éxito la digitalización de su colección bibliográfica y la incorporación de nuevos servicios para usuarios cada vez más exigentes.
De San José a Palmares
Me contaron sobre el caso de Palmares. Ahí funciona una biblioteca que cumple bastante bien con el perfil que el Sinabi quiere esparcir por el resto del sistema, con el apoyo del Ministerio de Cultura.
“Se llena de bebés ávidos por cuentos cada mañana; y de escolares y colegiales que aprenden y se entretienen con Internet apenas salen de clases”, me dijeron. Así que emprendí el viaje.
Fue justamente en la biblioteca pública de Palmares donde conocí a Jéssica Calderón y a Valentina, su pequeña de tres años y seis meses de edad.
Llegaron poco antes de las 10 de la mañana y, junto a un nutrido grupo de mamás con sus pequeños, aguardaban la hora de la lectura en un programa que la biblioteca palmareña llamó ‘Leer desde mis primeros pasos’.
La sala de lectura estaba repleta de mamás con sus bebés, con edades entre uno y cuatro años. ¡Qué jolgorio aquel! Lo dicho por Olga Rodríguez estaba cobrando forma en la biblioteca pública de una comunidad ubicada a hora y media de la capital.
Cuenta Xinia Méndez, la nueva directora, que todos los días, de 9 a.m. a 11 a.m., varios grupos de niños se turnan a la maestra de preescolar Karen Rojas Solórzano para que les cuente cuentos, les cante canciones y los ponga a escuchar música durante una hora de sesión.
Cien menores participan actualmente en este programa y otro tanto está en lista de espera.
Se trata de una forma de fomentar el gusto por la lectura desde edades tempranas, un proyecto que el Sinabi planea reforzar en el resto del país y que incluirá, entre otras cosas, la primera encuesta nacional para medir el nivel de lectura de los costarricenses, el próximo año.
Hasta ahora, no existe en el país un estudio con indicadores oficiales sobre cuánto se lee en Costa Rica.
La carencia es enorme si usted toma en cuenta que en nuestro país el 99,3% de la población sabe leer y escribir; hay más de 4.547 centros educativos, y funcionan 50 editoriales, 200 librerías y 1.500 unidades de información, de acuerdo con un documento facilitado por la Cámara Nacional del Libro.
Una investigación de agosto del 2000, del Instituto de Estudios Sociales en Población (Idespo), de la Universidad Nacional (UNA), halló que solo el 3% de la gente considera importante inculcar el hábito de la lectura.
El mismo estudio revela que casi el 60% de la gente nunca lee libros de ciencia ficción, acción, suspenso o terror; el 23% nunca lee revistas; el 20% no lee sobre ciencia y el 4% no lee periódicos.
Mientras se encuentran las cifras oficiales que dibujen el perfil del lector tico, Jéssica y Valentina ya tienen apartada en su agenda la visita diaria a la biblioteca de Palmares.
“Vale ha aprendido a ser más independiente, a comunicarse mejor, a ser más disciplinada y a socializar con otros niños de su edad. Jamás me pasó por la cabeza que yo pudiera estar así”, dijo.
Es cierto. La observamos sentada en el piso, con Valentina en los regazos, leyéndole un libro de animales. La niña miraba cada imagen y repetía las palabras que su mamá le decía.
“Cuando lleguen a la escuela, la lectura no va a ser algo chocante e impuesto. Los libros serán para ellos como un juguete para disfrutar”, explicó un rato después la niña Karen, quien no deja de agradecer la oportunidad de convertirse en motor de ese cambio.
En la otra sala
La biblioteca de Palmares se está haciendo pequeña para todo lo que llegan a hacer los lugareños. El Ministerio de Ciencia y Tecnología (Micit) instaló ahí uno de los 279 Centros Comunitarios Inteligentes (Cecis) del país, y de este se aprovechan los chiquillos al salir de la escuela o el colegio.
Un grupo grande, recién salido de la clase de Educación Física, llegó en busca de alguna de las seis computadoras de uso libre y gratuito del Ceci de Palmares. A sus espaldas, la bibliotecóloga Ana Julia Hernández los guía: “La tecnología es muy importante, pero ¿qué hacen los chiquillos si se pierden en el mar de información?”.
Ana Julia tiene 21 años de trabajar en bibliotecas y es testigo de su transformación. “Debemos adaptarnos. Las computadoras tienen que convivir con el libro, que nunca va a desaparecer”, pronostica.
Es una biblioteca con un ruido ordenado y respetuoso. En la sala infantil, los bebés viven su bullicioso proceso de enamoramiento del libro; en el Ceci, los escolares navegan en Internet, y en la tradicional sala de lectura, un grupo de estudiantes universitarios busca información en otra terminal de computadora.
En Palmares, hasta los adultos mayores tienen dos computadoras, con pantalla gigante por aquello de los problemas visuales que llegan con la edad.
Un programa similar con bebés funciona en la biblioteca pública de Goicoechea, en San José, y más de 200 niños menores de cinco años están inscritos.
En la mira del Sinabi están otros centros como el de Puntarenas, Sarchí, San Pedro de Poás y Naranjo. Olga Rodríguez dijo que, a partir del 2011, serán reforzados con programas similares.
Libre de límites
Lo de la “biblioteca sin paredes” nació cuando Rodríguez escuchó hablar del hospital sin paredes, una idea del doctor Guillermo Ortiz Guier (q.d.D.g.).
“Lo llamé y le pedí permiso de usar el mismo término para un proyecto que, por ahora, funciona en Palmares”, explicó la funcionaria del Sinabi.
En ese cantón alajuelense hay un barrio llamado La Cocaleca. Su nombre, según explica José Manuel Solórzano, de 12 años, proviene de una yegua, una que servía de punto de referencia para dar direcciones, pues pasaba la mayor parte del tiempo amarrada a un poste de la pulpería. Allí, en La Cocaleca, es donde funciona la biblioteca sin paredes.
Funciona en una escuela pequeña, con apenas 170 estudiantes y un edificio bastante ajustado; por eso, no dispone de lugar para instalar una biblioteca.
Desde el centro de Palmares, dos veces al año, la bibliotecóloga visita la escuelita para dejar 60 libros que, en poco tiempo, son devorados con avidez por los alumnos.
Esta es la llamada biblioteca sin paredes que el Sinabi también quiere llevar a otras partes del país donde, por falta de medios o de personal, es imposible levantar un edificio.
Es parte de la iniciativa que busca acercar el libro, la información y el conocimiento a la población que aún no tiene posibilidades de acceso a una computadora o a quienes, teniéndola, se ven en dificultades para seleccionar la información.
En el ciberespacio
Sin paredes también es el proyecto de la Biblioteca Nacional, en San José. Está a cargo de Laura Rodríguez, bibliotecóloga especialista en informática.
Lo invito a visitar la dirección www.sinabi.go.cr y echarle un vistazo a un portal creado hace año y medio para poner al alcance de todo el mundo –literalmente– los tesoros de la Biblioteca Nacional y de la cultura costarricense. Es la biblioteca virtual de la cual se habla tanto.
Hice la prueba y pude leer un libro de 1909, con vistas de la Costa Rica de entonces, en que se observa la villa de San José, con sus casas de adobe y el majestuoso y recién estrenado Teatro Nacional. ¡Maravilloso!
Navegué por la versión de 1936 de Los Cuentos de mi Tía Panchita, de la escritora Carmen Lyra, ilustrada por Juan Manuel Sánchez. A María Isabel Carvajal –nombre real de la escritora– la vi, por cierto, en un video de una marcha de mujeres, también en ese mismo portal.
La Biblioteca Nacional tiene un fondo documental de 700.000 volúmenes y 21 computadoras que son consultados, diariamente, por 200 personas (investigadores y estudiantes, principalmente), según datos ofrecidos por Yamileth Solano, su directora.
El sitio logró incorporar digitalmente 14.000 documentos; entre ellos, los primeros 60 libros impresos en Costa Rica entre 1800 y 1850. Ha tenido más de 750.000 visitas, de 93 países.
“Debemos llegar a los usuarios a través de las nuevas tecnologías”, sostiene Yamileth Solano. Laura, entusiasta como es con su proyecto del portal, insiste en que se trata de una plataforma de servicios de información y de gestión del conocimiento.
“La información está por todo lado, pero hay que desarrollar contenidos y gestionar el conocimiento con portales donde la gente encuentre, en un mismo sitio, exhibiciones virtuales, diccionarios biográficos, buscadores integrales y el catálogo, que no puede faltar”, añade.
¿Cómo vamos a hacer que esto llegue al público? Queremos convertirnos en promotores de la lectura y debemos trabajar con la comunidad: con la municipalidad, la asociación, la escuela”, prometió Olga
Todo sugiere que la famosa, esperada y prometida fonoteca, cobrará forma pronto. Olga está de visita en México, observando la experiencia en una de las mejores fonotecas a ver si, por fin, Costa Rica puede dar el ansiado paso de guardar la memoria oral de nuestro pueblo.
Si logran hacer que el resto de las bibliotecas incorporen, al menos, una parte de lo que se está haciendo en Palmares, no cabe duda de que las bibliotecas ticas ya no serán más ese recinto aburrido y de letras casi muertas.
Cobrarán vida y tendrán una nueva cara, moderna y más humana, junto al barullo de los bebés y el teclear de las compus de los estudiantes.
Un reto enorme, sin duda. Está por verse si se cumple.
FUENTE

18 oct 2010

Organizar por materias: dos elecciones


Pensemos en la visita a una buena librería, o a una buena biblioteca de las que dan acceso abierto a las estanterías. Uno llega a la zona de su interés y ahí están: al lado de libros que ya hemos leído, y de otros cuya existencia conocíamos, aquellos de los que ni habíamos oído hablar, y que sin embargo encontramos a nuestra disposición…
Las clasificaciones temáticas permiten explorar lo existente, y por eso son herramientas insustituibles en un universo como el de los libros, complejo y extensísimo. Y en el terreno del acceso digital a las obras son un elemento sencillamente vital. La clasificación temática es uno de los elementos que, como el autor, el título, el editor, el año de publicación y otros metadatos, van a servir para guiar al lector al encuentro del libro. Y quizás será uno de los más importantes para la exploración y la serendipia.
Se encuentran dos orientaciones en este delicado tema: la bibliotecaria (siglos de organización de vastos conjuntos de obras especializadas, orientadas a la consulta) y la librera-editorial (décadas de organización de conjuntos contemporáneos, con miras a la venta).
Pues bien: dos decisiones de sendos mediadores entre los libros y el público muestran el papel creciente que va a tener esta cuestión en el campo de las obras digitalizadas.
Google, para Google Libros (y, suponemos, para las futuras Google Editions) está utilizando el sistema BISAC (Book Industry Standards And Communications), división del Book Industry Study Group. El problema es que BISAC está orientado al comercio: es lo que “la industria del libro [de Estados Unidos y Canadá] usa para decir a los libreros dónde poner los libros en las estanterías”, como señaló Geoff Nunberg en su post de hace un año, titulado expresivamente: “Google Libros: un descarrilamiento de metadatos”.
Cito a Nunberg:
La pregunta es por qué Google decidió en primer lugar utilizar estos encabezamientos [los de BISAC]. (Clancy [ingeniero en jefe del proyecto de Google Libros] niega que fueran los editores quienes se lo pidieron, aunque esto podría tener que ver con sus propias ambiciones de competir con Amazon). El esquema BISAC se adapta bien para organizar las estanterías de una moderna cadena de librerías con 10 kilómetros de estanterías, o una pequeña biblioteca pública donde los consumidores ordinarios o los clientes buscan libros en las estanterías. Pero no ayuda particularmente si vuelas a ciegas por una biblioteca con varios millones de títulos, incluyendo obras académicas, extranjeras, y grandes cantidades de libros de los primeros periodos.
Con la llegada de Google Editions, está todo más claro: Google clasificará sus libros según el estándar comercial, porque quiere venderlos (o que los vendan a través de su servicio). Los muchos errores de clasificación que denunció Nunberg pueden irse subsanando, pero la clasificación de materias seguirá apuntando a compradores o lectores de base, y además de cultura norteamericana, y no a usuarios especializados de cualquier parte del mundo.
La buena noticia paralela es que un proyecto que agrupa muchas universidades americanas y que se nutre básicamente de las digitalizaciones de Google, Hathi Trust (hablamos de él hace dos años), está trabajando para dar acceso a las obras a un público profesional con herramientas más avanzadas y criterios más bibliotecarios.
Mientras tanto, el servicio de información sobre libros españoles en venta, DILVE, promovido por las editoriales españolas, está trabajando también en la clasificación por materias. Hasta ahora lo único que funcionaba era la clasificación del ISBN, basada en un estándar bibliotecario utilizado desde hace años en España y en otros lugares: el CDU. Ya fuera por inadecuación progresiva de la clasificación a la realidad cotidiana, o por descuido de las editoriales en la asignación de materia (que de todo hubo, y quizás más de lo segundo), el sistema se ha revelado insuficiente.
Una comisión recién creada, y en la que participan FGEE, FANDE, CEGAL, Grupo Planeta, Grupo SM, Grupo Santillana, Casa del Libro, El Corte Inglés, FNAC, Librerías Bertrand, Librería Diógenes, Troa Librerías y Libranda ha elegido el sistema BIC, Book Industry Communication, también de intención comercial (no bibliotecaria), nacido en la Gran Bretaña y utilizado además en Australia y Nueva Zelanda. El sistema deberá adaptarse en materias concretas a la realidad española.
DILVE funcionará como el eje en torno al que se articulará la información tanto sobre obras en papel como electrónicas, lo que da idea de la importancia de este paso.FUENTE

11 ago 2010

La manía de las listas: 100 bibliotecas digitales y 'recolectores' de libros electrónicos

5 ago 2010

PRESERVACIÓN DIGITAL - LOS DIEZ MANDAMIENTOS

REPOSITORIOS DIGITALES

4 ago 2010

LA BIBLIOTECA DEL FUTURO



Augmented Reality - The Future of Education from soryn on Vimeo.


A través de nuestros amigos de Arquitectitis descubrimos este fantástico corto titulado El futuro de la Educación realizado por un estudiante de la Facultad de Arquitectura Valle Giulia de Sapienza (Universidad de Roma). En él, se nos muestra cómo serán las bibliotecas del mañana, donde a través de unas gafas podremos acceder a una realidad aumentada, transformando los libros en completos soportes digitales, donde las imágenes se ampliarán con los dedos, los vídeos se reproducirán sobre el papel tan sólo haciendo un clic, podremos ver maquetas de los edificios que estemos estudiante simplemente girando el libro o incluso caminando por la calle podremos obtener información de los edificios por los que vayamos pasando. La música que le acompaña es Life in Technicolor de Colplay, que le viene que ni pintado. El edificio en cuestión es el Museo Ara Pacis de Richard Meier


FUENTE

2 ago 2010

LA LIBRERIA DIGITAL LAIE

21 jun 2010

LA BIBLIOTECA DEL FUTURO

 
Déjame que te cuente que está en construcción, en el campus de la Universidad de Chicago, la primera biblioteca del futuro.  En una esquina de la calle 57, junto a la biblioteca central, puede verse el armazón de acero que sostendrá la cúpula elíptica de vidrio, de 35 pies de altura. El domo, armado como un mecano tubular, hace pensar en la edificación de un templo; su figura articulada, sin embargo, no postula otro culto regional, sino el cultivo de la lectura favorecido por la tecnología. En este caso, la cúpula de vidrio más que al estilo se debe a la ecología: favorecerá la iluminación natural. En la economía simbólica de la arquitectura actual, el futuro alberga al pasado. La estética del derroche formal se ha vuelto redundante. Corresponde a la productividad modernista, según la cual el control tecnológico de la naturaleza nos haría más libres. Es cierto que ha aumentado la información y  mejorado nuestro plazo, pero el descontrol de ese imperativo optimista ha entrado en su ciclo catastrófico. Por eso, al pie de esta cúpula del siglo XXI, uno cree entender que la memoria escrita requiere la mejor tecnología, y que su enemigo actual no es la electrónica, sino el neo-oscurantismo que quiere tacharla.

El arquitecto de esta construcción, que evoca la forma primaria del habitat, es el alemán Helmut Jhan, de larga trayectoria académica y profesional.  (http://facilities.uchicago.edu/campusconstruction).

No hace todavía un mes que estuve en Granada y visité la vieja Biblioteca de la Universidad, un espléndido edificio renacentista, cuya vehemencia de espacio y pasión del detalle es propia de las encrucijadas andaluzas. Gracias a que tenían a mano el Diccionario Enciclopédico Hispanoamericano, de Espasa Calpe, pude salvar una error en la transcipción de un cuento que Borges había dejado inédito, y que me tocó recuperar. Días después, volví a la Biblioteca de Cataluña, que como la otra había sido también hospital, ésta de estilo gótico, severo y recogido; la frecuenté a comienzos de los años 70, y allí leí las Obras de José Martí. Hace sentido que los libros se resguarden en antiguos hospicios, de por si hospitalarios. Son, por lo demás, los únicos espacios libres de las hordas inhóspitas del turismo.

Todos hemos frecuentado al menos una biblioteca donde, cuando volvemos, “el polvo inmóvil se ha puesto ya de pie,” como en el poema de Vallejo. Si la conociste, recordarás el arduo crujir de la madera cuando el lentísimo bedel cumplía los pedidos en la antigua Hemeroteca de Madrid. Nunca terminaremos de agradecerle a las bibliotecas el tiempo que perdimos en ellas.

Pero si me preguntas cuál es mi biblioteca favorita tendría que volver a la Benson Collection de la Universidad de Texas, que recorrí los seis años que pasé en esa Universidad, al punto de que llegué a prescindir del catálogo. El mundo se divide entre las bibliotecas que te permiten ingresar a sus estantes, y las que te prohiben esa intimidad. Pero la que todavía me deslumbra es la modestísima biblioteca de mi escuela, donde el bibliotecario Fernández me permitía llevarme a casa colecciones enteras, sin sospechar que cada sección me cambiaba la vida. Hasta que el Quijote me enseñó que todos somos hechura de la parte de la biblioteca que nos tocó leer.

Uno, por lo mismo, llega a creer que la biblioteca del futuro será la que incluya todas las bibliotecas del pasado; incluso, y sobre todo, las que no hemos conocido. El tiempo que en ellas hemos cultivado no sólo da forma a nuestra biografía; alienta la idea de una comunidad de la lectura. Por eso, cualquier buen lector deseará que tus lecturas sean mejores que las suyas.

Construida 50 pies bajo tierra, la nueva biblioteca de la Universidad de Chicago pondrá en práctica lo que llaman el Automatic storage and retrieval system (ASRS), o “sistema automático de almacenaje y recuperación,” mecanismo que activa un brazo robótico que procesa tu pedido y lo trae en cinco minutos. Almacenerá de 3 a 5 millones de impresos.

La biblioteca lleva el nombre de Joe y Rita Mansueto, exestudiantes de UC, que han donado 25 millones de dólares para construirla. Joe, CEO de Mornigstar, obtuvo su MBA en Chicago,  y se dedicó a la inversión, la investigación financiera y la información. Rita trabajaba en el área de informática de la empresa.

En inglés, si eres muy rico tienes un serio problema: es muy difícil regalar tu dinero, aun si quieres hacerlo. Después de ser rector de la Universidad de Brown, Vartan Gregorian fue nombrado presidente de la Fundación Carnegie; a poco, recibió una llamada de Bill Gates pidiéndole lo asesorara en el arte de donar. Gates había regalado millones sin mayores consecuencias, pero como es un tío listo se dió cuenta de que no sabía hacerlo. Bill estaba seguro de que Vartan lo ayudaría a regalar su fortuna. Lo convenció de que debía donarla a los estudiantes más pobres, requeridos de ayuda para ingresar a la Universidad. Esta pequeña fábula, improbable en español, lleva moraleja: Nadie ha donado más dinero a los que quieren educarse.

Una vez, en Lima, me tocó ser director interino de la Biblioteca Nacional, pero pronto entendí que nada tenía el cargo de literario. Las dos sesiones que tuve con el personal fueron para presupuestar la reparación de unos baños estropeados por el último terremoto, y para comprar escobas y mantener presentable el recinto. Las bibliotecas, aprendí, no requieren de escritores ni mucho menos de figurones para dirigirlas, sino de bibliotecarios profesionales y veraces, capaces de asumir anónimamente su tarea. A nuestras bibliotecas les sobra simbolismo y les falta un patronato que las provea de escobas.
 
 

13 may 2010

El español arrasa en la Biblioteca Digital Mundial


20 abr 2010

El nuevo bibliotecario: The newmaster


Carlos Lombas


"El libro que uno está buscando es el libro que está al lado del libro que uno va a buscar" (Aby Warburg)
A lo largo de los años hemos ido almacenando las imágenes de las bibliotecas que como iconos de  la recolección de libros de todos los tiempos, fuimos visitando por razones de curiosidad, estudio o investigación. Y sobrepasando todo esto, aquellas bibliotecas míticas, que por su arquitectura interior nos han envuelto en romanticismos y aventuras misteriosas. Pero lo importante en todas, son las historias que están manuscritas o impresas en sus libros y a las que tantas horas y vidas se han dedicado.

Y ese mismo fondo bibliográfico, de pronto, a un clic, nos lo encontramos en una biblioteca que no ocupa kilométricos anaqueles de estanterías, que no requiere gran cantidad de signaturas, códigos de barras, encuadernaciones, detectores anti-humedad e incendio y muchos bibliotecarios y personal de limpieza.

Y nosotros desde la biblioteca de la Facultad de Filología, junto con el gigantesco fondo impreso de las bibliotecas (la general, la de modernas, la de clásicas, la de hispánicas, la de hebreo, la de árabe, la de italiano, y alemán) está la inmensa biblioteca que pulula de una manera legal por internet de la mano de Google, y alguna que otra, que debido a la falta de regularización demorada sin razón, parece ilegal, pero con inmensa cantidad de obras clásicas a nuestra disposición.

En este mar de libertades lectoras, abriendo el debate, encontramos el siguiente documento editado por la Biblioteca Nacional, donde desde la misma perspectiva humanista que rigió la personalidad del bibliotecario a lo largo de los siglos, Roberto Casazza analiza el cambio del lenguaje bibliotecario impulsado por la revolución informática. Sin abandonar el espíritu inicial de almacenamiento y distribución del conocimiento entre todos los interesados, aunque a primera vista parezca que vuelve a ser un proyecto al estilo medieval, restringido a unos pocos.

Prolongando este abuso de materiales que analizan el mundo bibliotecario nos encontramos con el punto de vista de Marcus P. Zillman y su nuevo bibliotecario, humano, complejo y ágil en la búsqueda de contenidos: El newsmaster, como timonel y objeto de una amplia discusión del nuevo concepto bibliotecario.

Aún queda otro documento sobre un estudio muy interesante realizado por la universidad de la Habana, que  analiza nuestro rol como promotores de la lectura entre los nuevos estudiantes con menos interés por la lectura.
De la mano de las siguientes direcciones web completaremos una biblioteca infinita:
Tras toda esta luminosa biblioteca en línea, me vuelvo para mirar si tras de mí aún se encuentran mis libros en papel. Una comprobación de seguridad, pensando en la posibilidad de que algún día se pueda acabar la luz artificial y sólo se pueda leer de día.