Arqueólogos que cavaban en una acomodada zona residencial de la capital de Perú dieron con tres momias de más de mil años de antigüedad.
Los científicos creen que los restos humanos hallados pertenecen a la civilización Wari, que dominó los Andes peruanos antes del imperio incaico.
Una de las momias es de una mujer con una máscara de cerámica en la que aparecen pintados unos grandes ojos azules, lo que aparentemente la identificaría con miembro de una familia noble.
La tumba en la que se realizaron los descubrimientos es una de las primeras que se han hallado intactas en Huaca Pucllana, una construcción en ruinas de ladrillos de barro de varios cientos de metros de largo y dos pisos de altura en el distrito de Miraflores.
Dan Collyns, corresponsal de la BBC en Lima, señala que la excavación se encuentra a pocos metros de una transitada calle, en uno de los barrios más prósperos de la ciudad.
Otra pieza del rompecabezas
En la misma cámara mortuoria que la mujer también fueron hallados los cuerpos momificados de otro adulto y al menos un niño, probablemente sacrificado para que acompañe a alguna de las personas muertas en su camino al más allá.
Muchas de las otras tumbas fueron saqueadas hace siglos, probablemente por los conquistadores españoles en busca de piedras y metales preciosos.
La cultura Wari dominó la región entre los años 700 y 1100 de nuestra era.
Según Collyns, estos descubrimientos ayudarán a completar el paisaje étnico de la región, que ha sido base de numerosas civilizaciones desde mucho antes de que América fuera colonizada por los europeos.
Redacción BBC Mundo
http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_7583000/7583536.stm
27 ago 2008
23 ago 2008
La Guerrera Gaucha
Anita Garibaldi: LA GUERRERA GAUCHA
El héroe, Giuseppe, la vio con el catalejos desde su barco. Ella, la
muchacha, caminaba por la playa... El más espectacular filme hollywoodense
es un poroto al lado de la historia que vivieron juntos.
Para Ana María de Jesús Ribeiro da Silva, gaúcha de Laguna, la vida comenzó
a los diecinueve años. Hasta ese día de 1839 su única realidad se llamaba
Manuel Duarte, un zapatero borracho e indolente al que su familia la había
atado. Por eso iba a la playa: para robar a un matrimonio no deseado unos
momentos de paz. No sabía que la espiaban desde uno de los barcos que
atracaban en el puerto...
Eran días bravos en Brasil. Su ciudad, capital del estado de Santa Catalina,
había sido tomada por los farraposos (harapientos), como llamaban a los
revolucionarios que unos años antes se habían levantado contra el emperador
Pedro II y proclamado la República de Río Grande.
Entre los combatientes había un grupo de italianos, exiliados por haber
luchado en su país contra el dominio austríaco, al mando de un hombre de
treinta años: Giuseppe Garibaldi, quien había cruzado el Atlántico escapando
de una condena a muerte dictada en Génova por un sublevamiento fallido.
Como corsario de la efímera república Garibaldi había sufrido diversas
peripecias -entre las que se incluía una estancia como prisionero en la
provincia de Entre Ríos-, pero gracias a él pudieron organizar una flota
cuya ayuda fue fundamental para que los insurgentes se apoderaran de Laguna.
Amor a primera vista
Desde el barco, era él quien espiaba a Anita. Alta, fuerte, dueña de unos
ojos vivaces y un andar altivo, la criollaza flechó -sin saberlo- a
Garibaldi hasta el punto de que lo hizo bajar a tierra para averiguar dónde
vivía.
La casa de Anita era fácil de ubicar. Allí se presentó él, con su poncho y
chambergo gaúchos que contrastaban con su pinta de gringo rubio de ojos
celestes.
"Nos quedamos estáticos y silenciosos los dos -contó después en sus
memorias-, mirándonos como dos personas que no se ven por primera vez.
Finalmente la saludé y le dije: ‘Usted debe ser mía’."
Tan impresionado estaba Garibaldi que, a pesar de los años vividos en Brasil
sólo atinó a hablar en italiano. Anita también era una mujer vehemente y
pronto supo él de la fogosidad de su carácter. Fuera porque Giuseppe la
raptó o porque ambos se fugaron, lo cierto es que el zapatero Duarte pasó a
la historia.
Pero no todo era color de rosa: aunque vivieron un tiempito en la ciudad, a
medida que la situación empeoraba para los republicanos arreciaban las
murmuraciones contra la pareja y los amantes decidieron -por seguridad-
instalarse en uno de los barcos.
Tuvieron como lecho nupcial la Itaparica, nave insignia de las fuerzas
insurgentes. Quizá por eso fue tan fuerte la relación entre ambos: para
Anita el amor quedó ligado al olor a pólvora, las canciones de guerra y los
preparativos para el combate.
Pero una cosa eran las vísperas y otra la guerra en serio. Cuando se divisó
de lejos la Andorinha, nave imperial varias veces mejor equipada que la
Itaparica, Garibaldi ordenó que la joven bajara a tierra y se dedicó a
organizar la lucha.
¡Ja! Apenas comenzó la batalla Anita salió del escondite donde se había
ocultado y se puso a cargar armas, alcanzarlas, disparar ella misma,
insultar al enemigo y azuzar a su gente. La cosa comenzaba a ponerse fea,
cuando un providencial cañonazo asestado desde la costa dio en la nave
enemiga y la obligó a retirarse.
De todos modos fue una victoria efímera, pues las fuerzas imperiales eran
demasiado poderosas y sofocaron el movimiento. Los farraposos debieron
refugiarse en la clandestinidad de la selva y alternar combates con
retiradas.
Anita ya estaba embarazada cuando en una de las refriegas mataron su caballo
y la tomaron prisionera. Era un botín demasiado precioso y los soldados
esperaban usarla como carnada para capturar al italiano. Ella no les iba a
dar el gusto: amparada por la noche, robó una cabalgadura y escapó. La
persiguieron, y la dieron por perdida cuando la vieron lanzarse a un río
caudaloso, lleno de remolinos. Sin embargo la gaúcha logró llegar a la
orilla, asida a la cola del caballo.
Unos campesinos la recogieron desfalleciente y le dieron un poco de café.
Cuando recuperó fuerzas se internó en la selva y deambuló por allí varios
días, sin probar bocado, hasta que pudo encontrar el campamento de
Garibaldi. Esa noche él se enteró de que iba a ser padre.
Al crío lo llamaron Menotti, en homenaje a un patriota italiano. Tenía una
ligera deformación en la cabeza, producto de la caída de Anita cuando la
apresaron, y no conoció más pañal que una bufanda paterna. Pasó su lactancia
en el monte, ajeno por su edad al horroroso recuerdo de la huida.
Interludio montevideano
Por fin los Garibaldi consiguieron asilarse en Montevideo. Por un tiempo las
únicas batallas fueron las de la pasión, pues mientras el italiano apreciaba
el efecto que su halo de héroe romántico producía en las mujeres, el
temperamento explosivo de Anita no le perdonaba esas escapadas. Cuentan que
alguna vez se le apareció con dos pistolas, una destinada a matarlo a él y
la segunda para liquidar a la dama de turno. De todos modos, Garibaldi amaba
a su compañera, admiraba mucho su valía y no habría renunciado a ella ni
loco. Durante la estancia montevideana se casaron (para lo que debieron
falsificar un certificado de defunción del primer marido de Anita) y
tuvieron tres hijos más: Rosita, Teresita y Riciotti.
Pero si allí esperaban encontrar paz, se equivocaron de medio a medio: los
conflictos de la Banda Oriental desembocaron en el "sitio de Montevideo"
puesto durante más de ocho años por el general Manuel Oribe, aliado uruguayo
de Juan Manuel de Rosas.
Los extranjeros refugiados -incluidos los unitarios y federales argentinos
que habían escapado del rosismo- se agruparon en legiones según su
nacionalidad para defender la ciudad. Para vestir a la legión garibaldina,
Anita usó unas túnicas que habían encargado los carniceros de Buenos Aires
antes del bloqueo. El rojo de esas camisas y el negro de la bandera que
eligieron como emblema fueron después los colores elegidos por movimientos
rebeldes en todo el mundo.
Con un par de barcuchos, Garibaldi debía burlar la flota que mandaba el
almirante Guillermo Brown. Su arrojo despertó la admiración del irlandés,
quien tuvo la oportunidad de tomarlo prisionero y lo dejó escapar. Durante
un viaje a Gran Bretaña, cuando la guerra todavía no había terminado, Brown
hizo escala en la Banda Oriental para entrevistarse con su querido enemigo.
Dos victorias -Cerro y San Antonio de Salto- lo convirtieron en ídolo para
los montevideanos, quienes lo hicieron desfilar por las calles. Pero la
euforia del momento fue opacada por la muerte de la pequeña Rosita. Y
coincidentemente, del otro lado del Atlántico llegaron noticias
movilizadoras: en toda Italia se producían alzamientos y las condiciones
parecían dadas para quitarse de encima a los austríacos.
La última batalla de Anita
En 1848 estalló la guerra en Italia y los piamonteses le pidieron auxilio a
Garibaldi. Anita viajó primero, con sus hijos, para organizar la recepción
de su marido. Después viajó él y se puso con tres mil voluntarios al
servicio del rey de Cerdeña, Carlos María de Saboya.
Como siempre, el enemigo era demasiado poderoso: además de los austríacos,
debían combatir contra ejércitos franceses y españoles y las tropas
pontificias. Garibaldi derrotó dos veces a los franceses pero finalmente fue
vencido en Roma, ciudad que habían logrado tomar. Anita, embarazada de cinco
meses, combatió a su lado vestida con el uniforme garibaldino y un sombrero
gaúcho, armada con sable y pistola.
Huyeron hacia el norte con cuatro ejércitos pisándoles los talones y se
tomaron un respiro en la pequeña república de San Marino, donde fueron
recibidos como héroes. Allí estaban a salvo y habrían podido quedarse (al
menos Anita, que no estaba bien, hasta que diera a luz). Pero el plan era
llegar a la ciudad de Ravena y la gaúcha se negó a separarse de su marido.
Apenas dejaron los muros de San Marino recomenzó la persecución. Ya cerca de
Ravena hicieron un alto en una playa: semejante fuga, con las balas rozando
sus cabezas, había sido demasiado para el embarazo de Anita y la fiebre se
la llevaba. Pudo llegar un médico, amparado por la noche, pero no hubo nada
que hacer: Anita murió el 4 de agosto de 1849, poco antes de cumplir treinta
y dos años.
Garibaldi llegó a Ravena: estaba en la mitad de su vida, y la otra mitad fue
tanto o más movida que la primera, con una sucesión de victorias y derrotas,
exilios y retornos. La unidad italiana se alcanzó más de diez años después,
en gran parte gracias a sus esfuerzos, que integraron a Sicilia y Nápoles en
la nueva nación. Pero sufrió la paradoja de ver cómo su ciudad natal, Niza,
quedaba en manos francesas por tejemanejes políticos.
También peleó junto a los franceses en la guerra con Prusia y, antes,
Abraham Lincoln quiso que lo ayudara en la Guerra de Secesión. Fue un dios
en vida, aclamado en cada lugar que pisaba.
Después de la muerte de Anita tardó diez años en volver a casarse, aunque
ese matrimonio duró apenas un día pues su flamante esposa, una condesa,
tenía un amante. Mejor le fue con su tercera mujer, que lo sobrevivió.
Anita fue enterrada a los apurones en aquella playa de Ravena. Unos perros
la desenterraron, pero sus propios enemigos le dieron finalmente una
sepultura digna: esa gaúcha que en treinta y un años amó como loca, se rió
de las convenciones y libró tres guerras, se había ganado el respeto
universal por sus propios méritos. En Laguna, una estatua y la casa
convertida en pequeño museo recuerdan a su principal heroína •
Rodolfo E. Parbst
El héroe, Giuseppe, la vio con el catalejos desde su barco. Ella, la
muchacha, caminaba por la playa... El más espectacular filme hollywoodense
es un poroto al lado de la historia que vivieron juntos.
Para Ana María de Jesús Ribeiro da Silva, gaúcha de Laguna, la vida comenzó
a los diecinueve años. Hasta ese día de 1839 su única realidad se llamaba
Manuel Duarte, un zapatero borracho e indolente al que su familia la había
atado. Por eso iba a la playa: para robar a un matrimonio no deseado unos
momentos de paz. No sabía que la espiaban desde uno de los barcos que
atracaban en el puerto...
Eran días bravos en Brasil. Su ciudad, capital del estado de Santa Catalina,
había sido tomada por los farraposos (harapientos), como llamaban a los
revolucionarios que unos años antes se habían levantado contra el emperador
Pedro II y proclamado la República de Río Grande.
Entre los combatientes había un grupo de italianos, exiliados por haber
luchado en su país contra el dominio austríaco, al mando de un hombre de
treinta años: Giuseppe Garibaldi, quien había cruzado el Atlántico escapando
de una condena a muerte dictada en Génova por un sublevamiento fallido.
Como corsario de la efímera república Garibaldi había sufrido diversas
peripecias -entre las que se incluía una estancia como prisionero en la
provincia de Entre Ríos-, pero gracias a él pudieron organizar una flota
cuya ayuda fue fundamental para que los insurgentes se apoderaran de Laguna.
Amor a primera vista
Desde el barco, era él quien espiaba a Anita. Alta, fuerte, dueña de unos
ojos vivaces y un andar altivo, la criollaza flechó -sin saberlo- a
Garibaldi hasta el punto de que lo hizo bajar a tierra para averiguar dónde
vivía.
La casa de Anita era fácil de ubicar. Allí se presentó él, con su poncho y
chambergo gaúchos que contrastaban con su pinta de gringo rubio de ojos
celestes.
"Nos quedamos estáticos y silenciosos los dos -contó después en sus
memorias-, mirándonos como dos personas que no se ven por primera vez.
Finalmente la saludé y le dije: ‘Usted debe ser mía’."
Tan impresionado estaba Garibaldi que, a pesar de los años vividos en Brasil
sólo atinó a hablar en italiano. Anita también era una mujer vehemente y
pronto supo él de la fogosidad de su carácter. Fuera porque Giuseppe la
raptó o porque ambos se fugaron, lo cierto es que el zapatero Duarte pasó a
la historia.
Pero no todo era color de rosa: aunque vivieron un tiempito en la ciudad, a
medida que la situación empeoraba para los republicanos arreciaban las
murmuraciones contra la pareja y los amantes decidieron -por seguridad-
instalarse en uno de los barcos.
Tuvieron como lecho nupcial la Itaparica, nave insignia de las fuerzas
insurgentes. Quizá por eso fue tan fuerte la relación entre ambos: para
Anita el amor quedó ligado al olor a pólvora, las canciones de guerra y los
preparativos para el combate.
Pero una cosa eran las vísperas y otra la guerra en serio. Cuando se divisó
de lejos la Andorinha, nave imperial varias veces mejor equipada que la
Itaparica, Garibaldi ordenó que la joven bajara a tierra y se dedicó a
organizar la lucha.
¡Ja! Apenas comenzó la batalla Anita salió del escondite donde se había
ocultado y se puso a cargar armas, alcanzarlas, disparar ella misma,
insultar al enemigo y azuzar a su gente. La cosa comenzaba a ponerse fea,
cuando un providencial cañonazo asestado desde la costa dio en la nave
enemiga y la obligó a retirarse.
De todos modos fue una victoria efímera, pues las fuerzas imperiales eran
demasiado poderosas y sofocaron el movimiento. Los farraposos debieron
refugiarse en la clandestinidad de la selva y alternar combates con
retiradas.
Anita ya estaba embarazada cuando en una de las refriegas mataron su caballo
y la tomaron prisionera. Era un botín demasiado precioso y los soldados
esperaban usarla como carnada para capturar al italiano. Ella no les iba a
dar el gusto: amparada por la noche, robó una cabalgadura y escapó. La
persiguieron, y la dieron por perdida cuando la vieron lanzarse a un río
caudaloso, lleno de remolinos. Sin embargo la gaúcha logró llegar a la
orilla, asida a la cola del caballo.
Unos campesinos la recogieron desfalleciente y le dieron un poco de café.
Cuando recuperó fuerzas se internó en la selva y deambuló por allí varios
días, sin probar bocado, hasta que pudo encontrar el campamento de
Garibaldi. Esa noche él se enteró de que iba a ser padre.
Al crío lo llamaron Menotti, en homenaje a un patriota italiano. Tenía una
ligera deformación en la cabeza, producto de la caída de Anita cuando la
apresaron, y no conoció más pañal que una bufanda paterna. Pasó su lactancia
en el monte, ajeno por su edad al horroroso recuerdo de la huida.
Interludio montevideano
Por fin los Garibaldi consiguieron asilarse en Montevideo. Por un tiempo las
únicas batallas fueron las de la pasión, pues mientras el italiano apreciaba
el efecto que su halo de héroe romántico producía en las mujeres, el
temperamento explosivo de Anita no le perdonaba esas escapadas. Cuentan que
alguna vez se le apareció con dos pistolas, una destinada a matarlo a él y
la segunda para liquidar a la dama de turno. De todos modos, Garibaldi amaba
a su compañera, admiraba mucho su valía y no habría renunciado a ella ni
loco. Durante la estancia montevideana se casaron (para lo que debieron
falsificar un certificado de defunción del primer marido de Anita) y
tuvieron tres hijos más: Rosita, Teresita y Riciotti.
Pero si allí esperaban encontrar paz, se equivocaron de medio a medio: los
conflictos de la Banda Oriental desembocaron en el "sitio de Montevideo"
puesto durante más de ocho años por el general Manuel Oribe, aliado uruguayo
de Juan Manuel de Rosas.
Los extranjeros refugiados -incluidos los unitarios y federales argentinos
que habían escapado del rosismo- se agruparon en legiones según su
nacionalidad para defender la ciudad. Para vestir a la legión garibaldina,
Anita usó unas túnicas que habían encargado los carniceros de Buenos Aires
antes del bloqueo. El rojo de esas camisas y el negro de la bandera que
eligieron como emblema fueron después los colores elegidos por movimientos
rebeldes en todo el mundo.
Con un par de barcuchos, Garibaldi debía burlar la flota que mandaba el
almirante Guillermo Brown. Su arrojo despertó la admiración del irlandés,
quien tuvo la oportunidad de tomarlo prisionero y lo dejó escapar. Durante
un viaje a Gran Bretaña, cuando la guerra todavía no había terminado, Brown
hizo escala en la Banda Oriental para entrevistarse con su querido enemigo.
Dos victorias -Cerro y San Antonio de Salto- lo convirtieron en ídolo para
los montevideanos, quienes lo hicieron desfilar por las calles. Pero la
euforia del momento fue opacada por la muerte de la pequeña Rosita. Y
coincidentemente, del otro lado del Atlántico llegaron noticias
movilizadoras: en toda Italia se producían alzamientos y las condiciones
parecían dadas para quitarse de encima a los austríacos.
La última batalla de Anita
En 1848 estalló la guerra en Italia y los piamonteses le pidieron auxilio a
Garibaldi. Anita viajó primero, con sus hijos, para organizar la recepción
de su marido. Después viajó él y se puso con tres mil voluntarios al
servicio del rey de Cerdeña, Carlos María de Saboya.
Como siempre, el enemigo era demasiado poderoso: además de los austríacos,
debían combatir contra ejércitos franceses y españoles y las tropas
pontificias. Garibaldi derrotó dos veces a los franceses pero finalmente fue
vencido en Roma, ciudad que habían logrado tomar. Anita, embarazada de cinco
meses, combatió a su lado vestida con el uniforme garibaldino y un sombrero
gaúcho, armada con sable y pistola.
Huyeron hacia el norte con cuatro ejércitos pisándoles los talones y se
tomaron un respiro en la pequeña república de San Marino, donde fueron
recibidos como héroes. Allí estaban a salvo y habrían podido quedarse (al
menos Anita, que no estaba bien, hasta que diera a luz). Pero el plan era
llegar a la ciudad de Ravena y la gaúcha se negó a separarse de su marido.
Apenas dejaron los muros de San Marino recomenzó la persecución. Ya cerca de
Ravena hicieron un alto en una playa: semejante fuga, con las balas rozando
sus cabezas, había sido demasiado para el embarazo de Anita y la fiebre se
la llevaba. Pudo llegar un médico, amparado por la noche, pero no hubo nada
que hacer: Anita murió el 4 de agosto de 1849, poco antes de cumplir treinta
y dos años.
Garibaldi llegó a Ravena: estaba en la mitad de su vida, y la otra mitad fue
tanto o más movida que la primera, con una sucesión de victorias y derrotas,
exilios y retornos. La unidad italiana se alcanzó más de diez años después,
en gran parte gracias a sus esfuerzos, que integraron a Sicilia y Nápoles en
la nueva nación. Pero sufrió la paradoja de ver cómo su ciudad natal, Niza,
quedaba en manos francesas por tejemanejes políticos.
También peleó junto a los franceses en la guerra con Prusia y, antes,
Abraham Lincoln quiso que lo ayudara en la Guerra de Secesión. Fue un dios
en vida, aclamado en cada lugar que pisaba.
Después de la muerte de Anita tardó diez años en volver a casarse, aunque
ese matrimonio duró apenas un día pues su flamante esposa, una condesa,
tenía un amante. Mejor le fue con su tercera mujer, que lo sobrevivió.
Anita fue enterrada a los apurones en aquella playa de Ravena. Unos perros
la desenterraron, pero sus propios enemigos le dieron finalmente una
sepultura digna: esa gaúcha que en treinta y un años amó como loca, se rió
de las convenciones y libró tres guerras, se había ganado el respeto
universal por sus propios méritos. En Laguna, una estatua y la casa
convertida en pequeño museo recuerdan a su principal heroína •
Rodolfo E. Parbst
EL VIEJO FUERTE DE BUENOS AIRES
El viejo fuerte de Buenos Aires, como se equipaban antes los soldados de
infantería y caballería, armas, lazos, boleadoras, un falso enterratorio
indígena.
En la revista El Fogón, (Año VIII, Núm. 304, Montevideo, noviembre 30 de
1905), dirigida por el poeta criollista Alcides de María, (que
frecuentemente firmaba) Calixto el Ñato o El viejo Calixto, con el título
Arqueología criolla, se publica un interesante reportaje al general
Bustillo. No se menciona su nombre, pero debe ser el general José María
Bustillo, que nació en 1816, participó en las batallas de Cepeda y Pavón y
en la guerra del Paraguay; fue presidente del Club del Progreso y falleció,
lúcido, entero y con gran memoria, a los 94 años de edad. El reportaje
titulado Arqueología criolla, expresa; "Tomamos del diario La Nación de
Buenos Aires, el siguiente reportaje hecho al general Bustillo, con motivo
de unas famosas boleadoras desenterradas hace poco de la Casa Rosada, como
le llaman por allá (Buenos Aires) al palacio de Gobierno Nacional".
-¿Quiere usted que le diga lo que en resumidas cuentas, representa esa
supuesta huaca con que estos momentos se estimula la siempre susceptible
curiosidad pública?
"-Pues, ¡sí a eso vinimos, general!...
¨"-Oiga usted, entonces; el el año 27 (1827) tenía yo 12 años solía ir con
otros amigos a dar un paseo por los baluartes del antiguo fuerte español,
que hace poco demolieron paran levantar en su sitio la actual Casa de
Gobierno.
"Era aquello una maciza construcción de tierra y ladrillo que, rodeada de un
foso, abría su puerta bajo un arco con puente levadizo, sobre la plaza que
se denominó 25 de Mayo.
"En la parte interna de cuadrilátero que rodeaba sus muros, se extendía las
anchas plataformas en que estaban emplazadas las gruesas puertas de hierro y
de bronce, hasta la que se subía por suaves rampas rellenas de tierras
empedradas.
"Estas plataformas estaban construidas sobre una fuerte arquería de cal y
canto, quedando debajo unas largas cuadras que servían para depósitos de
armas o talleres de maestranzas.
"Había una parte destinada a las armas de infantería, y allí, en armeros
colocados contra el muro del fondo, se alineaban los antiguos fusiles de
chispa con sus respectivos correajes que , como usted sabe, eran
constituidos por fornitura cruzada sobre el pecho y espalda, sosteniendo una
la gran cartuchera de vaqueta y la otra el biricú en que iba la bayoneta
triangular y de cubo.
"En otro sitio se preparaban los equipos de caballería, constituida en
aquellos tiempos por milicias irregulares destinadas a guarecer las
fronteras, siempre amenazadas por los indios.
"Los soldados que formaban estos contingentes, como entonces se los llamaba,
eran gauchos venidos de los lejanos partidos de las provincias, hombre
nacidos sobre el caballo y teniendo que proseguir su vida semisalvaje, aún
bajo las banderas de la Patria, necesitaban para procurarse el alimento, dar
caza al potro salvaje, y para esgrimirlos, tal vez con más éxito y eficacia
que sus armas de guerra en sus encuentros cuerpo a cuerpo, sus cargas y
persecuciones, de los útiles camperos, en cuyo manejo eran asombradamente
diestros.
"Se equipaba, pues, la caballería, además de lanzas, carabinas y sables, con
lazos y boleadoras , construyéndose estas últimas, es decir la operación de
forrarlas de cuero y ligarlas entre sí, en aquellos talleres de que he
hablado, que se extendían en bóvedas por debajo de las baterías.
"Claro está que el efectuar esta operación, que se hacía con piedras traídas
expresamente desde las sierras del sur, porque allí cerca no había más que
toscas, se utilizaban las más perfectas y se arrojaban las irregulares.
"Este trabajo lo he visto practicar infinidad de veces, siguiendo con
interés no solamente de niño, sino también con un inicial instinto guerrero,
todo lo que se refería a aquellos bélicos arneses, porque así como las
panoplias caballarescas entraban las bellotas de acero, la maza, y otras
más, arrojadizas y contundentes, aquí a nuestros jinetes pampeanos se les
equipaba con lo que era propio de sus costumbres, y natural a las
necesidades de su vida nómade en las soledades del desierto.
"Luego, cuando se efectuaron las modernas construcciones, al demoler los
paredones del viejo fuerte, quedaron allí abajo todos eso residuos de los
antiguos talleres.
"Han pasado los años, alejándose con ellos la tradición, y haciendo cada vez
más extraños y misteriosos los hechos y las cosas de las pasadas épocas.
"Un buen día se abre un agujero en el suelo conglomerado por añejas
construcciones; se encuentran unas piedras redondeas y una canilla... y
surge una tribu, y se levanta el fantasma de no se que drama primitivamente
salvaje.
¿Entiende usted, mi amigo?
-"Ya... ya... ¡No hay tales fósiles enterrados!
-¡No, pues!- exclamó alegremente el benemérito veterano, añadiendo;
"-Yo no soy arqueólogo, soy un soldado viejo que sé también de cosas del
pasado"...
Rodolfo E. Parbst
infantería y caballería, armas, lazos, boleadoras, un falso enterratorio
indígena.
En la revista El Fogón, (Año VIII, Núm. 304, Montevideo, noviembre 30 de
1905), dirigida por el poeta criollista Alcides de María, (que
frecuentemente firmaba) Calixto el Ñato o El viejo Calixto, con el título
Arqueología criolla, se publica un interesante reportaje al general
Bustillo. No se menciona su nombre, pero debe ser el general José María
Bustillo, que nació en 1816, participó en las batallas de Cepeda y Pavón y
en la guerra del Paraguay; fue presidente del Club del Progreso y falleció,
lúcido, entero y con gran memoria, a los 94 años de edad. El reportaje
titulado Arqueología criolla, expresa; "Tomamos del diario La Nación de
Buenos Aires, el siguiente reportaje hecho al general Bustillo, con motivo
de unas famosas boleadoras desenterradas hace poco de la Casa Rosada, como
le llaman por allá (Buenos Aires) al palacio de Gobierno Nacional".
-¿Quiere usted que le diga lo que en resumidas cuentas, representa esa
supuesta huaca con que estos momentos se estimula la siempre susceptible
curiosidad pública?
"-Pues, ¡sí a eso vinimos, general!...
¨"-Oiga usted, entonces; el el año 27 (1827) tenía yo 12 años solía ir con
otros amigos a dar un paseo por los baluartes del antiguo fuerte español,
que hace poco demolieron paran levantar en su sitio la actual Casa de
Gobierno.
"Era aquello una maciza construcción de tierra y ladrillo que, rodeada de un
foso, abría su puerta bajo un arco con puente levadizo, sobre la plaza que
se denominó 25 de Mayo.
"En la parte interna de cuadrilátero que rodeaba sus muros, se extendía las
anchas plataformas en que estaban emplazadas las gruesas puertas de hierro y
de bronce, hasta la que se subía por suaves rampas rellenas de tierras
empedradas.
"Estas plataformas estaban construidas sobre una fuerte arquería de cal y
canto, quedando debajo unas largas cuadras que servían para depósitos de
armas o talleres de maestranzas.
"Había una parte destinada a las armas de infantería, y allí, en armeros
colocados contra el muro del fondo, se alineaban los antiguos fusiles de
chispa con sus respectivos correajes que , como usted sabe, eran
constituidos por fornitura cruzada sobre el pecho y espalda, sosteniendo una
la gran cartuchera de vaqueta y la otra el biricú en que iba la bayoneta
triangular y de cubo.
"En otro sitio se preparaban los equipos de caballería, constituida en
aquellos tiempos por milicias irregulares destinadas a guarecer las
fronteras, siempre amenazadas por los indios.
"Los soldados que formaban estos contingentes, como entonces se los llamaba,
eran gauchos venidos de los lejanos partidos de las provincias, hombre
nacidos sobre el caballo y teniendo que proseguir su vida semisalvaje, aún
bajo las banderas de la Patria, necesitaban para procurarse el alimento, dar
caza al potro salvaje, y para esgrimirlos, tal vez con más éxito y eficacia
que sus armas de guerra en sus encuentros cuerpo a cuerpo, sus cargas y
persecuciones, de los útiles camperos, en cuyo manejo eran asombradamente
diestros.
"Se equipaba, pues, la caballería, además de lanzas, carabinas y sables, con
lazos y boleadoras , construyéndose estas últimas, es decir la operación de
forrarlas de cuero y ligarlas entre sí, en aquellos talleres de que he
hablado, que se extendían en bóvedas por debajo de las baterías.
"Claro está que el efectuar esta operación, que se hacía con piedras traídas
expresamente desde las sierras del sur, porque allí cerca no había más que
toscas, se utilizaban las más perfectas y se arrojaban las irregulares.
"Este trabajo lo he visto practicar infinidad de veces, siguiendo con
interés no solamente de niño, sino también con un inicial instinto guerrero,
todo lo que se refería a aquellos bélicos arneses, porque así como las
panoplias caballarescas entraban las bellotas de acero, la maza, y otras
más, arrojadizas y contundentes, aquí a nuestros jinetes pampeanos se les
equipaba con lo que era propio de sus costumbres, y natural a las
necesidades de su vida nómade en las soledades del desierto.
"Luego, cuando se efectuaron las modernas construcciones, al demoler los
paredones del viejo fuerte, quedaron allí abajo todos eso residuos de los
antiguos talleres.
"Han pasado los años, alejándose con ellos la tradición, y haciendo cada vez
más extraños y misteriosos los hechos y las cosas de las pasadas épocas.
"Un buen día se abre un agujero en el suelo conglomerado por añejas
construcciones; se encuentran unas piedras redondeas y una canilla... y
surge una tribu, y se levanta el fantasma de no se que drama primitivamente
salvaje.
¿Entiende usted, mi amigo?
-"Ya... ya... ¡No hay tales fósiles enterrados!
-¡No, pues!- exclamó alegremente el benemérito veterano, añadiendo;
"-Yo no soy arqueólogo, soy un soldado viejo que sé también de cosas del
pasado"...
Rodolfo E. Parbst
Claves para enfocar los blogs desde la alfabetización informacional.
Lara[1], atribuye a los blogs, y en particular a los edublogs, propuestos desde una pedagogía constructivista, funciones de elaboración de pensamiento y organización del discurso, fomento del debate, construcción de identidad personal, formación de comunidades de aprendizaje, compromiso con los receptores.Por su parte, Celaya (2006), destaca que Internet ha hecho cambiar a las audiencias lectoras, así como los cauces de mediación basados en la crítica tradicional, que están siendo complementados por las valoraciones emitidas por los lectores.Por su papel en estos cambios, considera los blogs un medio fundamental de promoción lectora y de comunicación entre todos los elementos del mundo del libro y la cultura, desde productores a mediadores, autores y lectores[2].Clyde, (2004) describe las principales características de los blogs , señalando que gran parte de los contenidos de estos son enlaces que nos sugieren otros espacios de la red, así en ocasiones son complemento del texto pero a veces los enlaces se convierten en el elemento fundamental del recurso[3].Clave para enfocar los blogs desde la alfabetización informacional:
La alfabetización Informacional propone desarrollar habilidades para la navegación en el conocimiento: a dónde ir y cómo procesar la información; desarrollar buenas competencias comunicativas(leer/escribir/hablar/escuchar); desarrollar la capacidad de aprender de forma independiente; desarrollar competencias sociales: ética, actitudes positivas, responsabilidad; trabajo en equipo; capacidad de adaptarse a circunstancias cambiantes; destrezas de razonamiento en la resolución de problemas, capacidad crítica, lógica; iniciativa personal y voluntad de intentar cosas nuevas
Los blogs nos permiten:·Emprender proyectos de escritura personal en la red.·Enfrentarse a la compleja tarea de expresar ideas, citar fuentes y seleccionar intereses, de un modo dinámico y progresivo;·Organizar y categorizar información a lo largo de su evolución, usando sencillas categorizaciones y etiquetado libre.·Aprender a usar las herramientas de sindicación y seguimiento de los blogs.· Eleccionar las fuentes de interés y practicar la lectura en red.·Tejer redes de intereses, aprender a comentar y aprovechar lo escrito.Por intermedio de un blog se puede comentar un artículo, investigación, o trabajo académico, y a través de los comentarios al mismo, se permite compartir opiniones y conocimiento. Así según Merholz la principal función de una bitácora de red sería servir de “diario de ideas” “una especie de autobiografía intelectual altamente informal y extemporánea, escrita con la doble intención de provocar el diálogo y servir de depósito para el pensamiento.”[4]Aportaciones de los blogs a la esfera educativa
·Son excelentes herramientas para la alfabetización digital, ya que permiten la familiarización con todos los componentes de un blog (blogroll, categorías, trackback)·Aportan distintos niveles de redacción y escritura, si se toman como si fueran una redacción periodística.· Permiten valorar nuevas formas de aprender, con lo que algunos autores han llamado la lecto-escritura.· Son herramientas colaborativas asíncronas que potencia la cohesión del grupo y la interacción profesor-alumno.·Permiten disponer de un espacio para encontrar fuentes documentales para el área de conocimiento.·Facilitan la actualización de contenidos constante mediante la sindicación (RSS).De esta manera, el profesor puede tener acceso a todas las nuevas actualizaciones de los alumnos.Edublogs: usos[5]
Los Blog usado con fines educativos en entornos de aprendizaje.(mapa conceptual)
·Conversación asíncrona (Lawley y Estalella) hecha por los trackbacks, comentarios e indexadores de contenido de blogs.·Espacios de aprendizaje (W. Richardson).· Sistema integrador del conocimiento: el conocimiento reside en la red no en el sistema educativo (G. Siemens).·Herramienta de gestión del propio conocimiento (Doctorow).·Espacio web puesto a disposición de los estudiantes para reflexionar sobre el aprendizaje.
*Extracto del artículo Alfabetización informacional con Web 2,0 desarrollando el aprendizaje en redes Roberto Zayas Mujica . Publicado en Revista Futuros No.19, 2007 Vol. V
Se recomienda ver la bibliografía citada
[1] Lara T. Blogs para educar. Usos de los blogs en una pedagogía constructivista. Telos Oct-Dic 2005. Disponible en: http://www.campusred.net/telos/articulocuaderno.asp?idarticulo=2&rev=65[2] Gómez Hernández J, Saorín Pérez, T. Alfabetizarse desde dentro en la Web2.0: Aprender a informarse y comunicarse en redes sociales. Educación y Biblioteca 2006; 156:131-7. Disponible en: http://eprints.rclis.org/archive/00008402/[3] Ferradas Cubillo M. Weblogs o bitácoras: un recurso de colaboración en línea para los Profesionales de la Información. Serie Bibliotecología y Gestión de Información 2005(6). pp. 1-61. Disponible en: http://eprints.rclis.org/archive/00004829/[4] Ferradas Cubillo M. Weblogs o bitácoras: un recurso de colaboración en línea para los profesionales de la Información. Serie Bibliotecología y Gestión de Información 2005(6). pp. 1- 61. Disponible en: http://eprints.rclis.org/archive/00004829/[5] Santamaría González F. La Web 2.0: características, implicancias en el entorno educativo y algunas de sus herramientas. Seminario Virtualeduca 2006. Buenos Aires. Argentina. Disponible en: www.iesevevirtual.edu.ar/virtualeduca/ponencias2006/La%20Web20_Santa_maria.pd
La alfabetización Informacional propone desarrollar habilidades para la navegación en el conocimiento: a dónde ir y cómo procesar la información; desarrollar buenas competencias comunicativas(leer/escribir/hablar/escuchar); desarrollar la capacidad de aprender de forma independiente; desarrollar competencias sociales: ética, actitudes positivas, responsabilidad; trabajo en equipo; capacidad de adaptarse a circunstancias cambiantes; destrezas de razonamiento en la resolución de problemas, capacidad crítica, lógica; iniciativa personal y voluntad de intentar cosas nuevas
Los blogs nos permiten:·Emprender proyectos de escritura personal en la red.·Enfrentarse a la compleja tarea de expresar ideas, citar fuentes y seleccionar intereses, de un modo dinámico y progresivo;·Organizar y categorizar información a lo largo de su evolución, usando sencillas categorizaciones y etiquetado libre.·Aprender a usar las herramientas de sindicación y seguimiento de los blogs.· Eleccionar las fuentes de interés y practicar la lectura en red.·Tejer redes de intereses, aprender a comentar y aprovechar lo escrito.Por intermedio de un blog se puede comentar un artículo, investigación, o trabajo académico, y a través de los comentarios al mismo, se permite compartir opiniones y conocimiento. Así según Merholz la principal función de una bitácora de red sería servir de “diario de ideas” “una especie de autobiografía intelectual altamente informal y extemporánea, escrita con la doble intención de provocar el diálogo y servir de depósito para el pensamiento.”[4]Aportaciones de los blogs a la esfera educativa
·Son excelentes herramientas para la alfabetización digital, ya que permiten la familiarización con todos los componentes de un blog (blogroll, categorías, trackback)·Aportan distintos niveles de redacción y escritura, si se toman como si fueran una redacción periodística.· Permiten valorar nuevas formas de aprender, con lo que algunos autores han llamado la lecto-escritura.· Son herramientas colaborativas asíncronas que potencia la cohesión del grupo y la interacción profesor-alumno.·Permiten disponer de un espacio para encontrar fuentes documentales para el área de conocimiento.·Facilitan la actualización de contenidos constante mediante la sindicación (RSS).De esta manera, el profesor puede tener acceso a todas las nuevas actualizaciones de los alumnos.Edublogs: usos[5]
Los Blog usado con fines educativos en entornos de aprendizaje.(mapa conceptual)
·Conversación asíncrona (Lawley y Estalella) hecha por los trackbacks, comentarios e indexadores de contenido de blogs.·Espacios de aprendizaje (W. Richardson).· Sistema integrador del conocimiento: el conocimiento reside en la red no en el sistema educativo (G. Siemens).·Herramienta de gestión del propio conocimiento (Doctorow).·Espacio web puesto a disposición de los estudiantes para reflexionar sobre el aprendizaje.
*Extracto del artículo Alfabetización informacional con Web 2,0 desarrollando el aprendizaje en redes Roberto Zayas Mujica . Publicado en Revista Futuros No.19, 2007 Vol. V
Se recomienda ver la bibliografía citada
[1] Lara T. Blogs para educar. Usos de los blogs en una pedagogía constructivista. Telos Oct-Dic 2005. Disponible en: http://www.campusred.net/telos/articulocuaderno.asp?idarticulo=2&rev=65[2] Gómez Hernández J, Saorín Pérez, T. Alfabetizarse desde dentro en la Web2.0: Aprender a informarse y comunicarse en redes sociales. Educación y Biblioteca 2006; 156:131-7. Disponible en: http://eprints.rclis.org/archive/00008402/[3] Ferradas Cubillo M. Weblogs o bitácoras: un recurso de colaboración en línea para los Profesionales de la Información. Serie Bibliotecología y Gestión de Información 2005(6). pp. 1-61. Disponible en: http://eprints.rclis.org/archive/00004829/[4] Ferradas Cubillo M. Weblogs o bitácoras: un recurso de colaboración en línea para los profesionales de la Información. Serie Bibliotecología y Gestión de Información 2005(6). pp. 1- 61. Disponible en: http://eprints.rclis.org/archive/00004829/[5] Santamaría González F. La Web 2.0: características, implicancias en el entorno educativo y algunas de sus herramientas. Seminario Virtualeduca 2006. Buenos Aires. Argentina. Disponible en: www.iesevevirtual.edu.ar/virtualeduca/ponencias2006/La%20Web20_Santa_maria.pd
Invitación al viaje. Lolita Torres, Bioy Casares y La pata de mono
Yo era bastante joven y él, un anciano notablemente hermoso, buen mozo y famoso -me gusta rimar.
Estábamos en una de las Ferias del Libro que nos regala abril, desde hace años, en Buenos Aires; él tristón y sentado junto a un mostrador con sus obras, yo merodeando por todos los rincones de los atlas, colecciones de arte y otros pasatiempos (La invención de Morel).
Hacía poco que había muerto Borges, ¡y me acerqué a darle “el pésame” a Bioy Casares! (Bioy Casares y Cortázar).
Como acababa de comprar una nueva edición de la antología de literatura fantástica seleccionada y traducida por él, su mujer Silvina Ocampo (Literatura argentina: notas y entrevistas) y Borges, nada me pareció más apropiado que hacérselo dedicar al autor que se encontraba presente -el muerto estaba en Ginebra, Silvina en su casa.
Tomó su lapicera de oro, abrió el volumen y preguntó mi nombre -yo era en esa época, para todos, “Morita Torres”.
Su expresión melancólica viró a pícara: había encontrado el modo de hacer un chiste entre tanta vana solemnidad: “¿Lolita Torres?”, preguntó, pero no esperó mi resentida respuesta y escribió: “Para Lolita Torres, mi actriz predilecta, con el cariño de Adolfito”.
Cerró el libro y no vi hasta llegar a casa la dedicatoria, pero de entre los cuentos y relatos me recomendó leer primero “La pata de mono”, de W.W. Jacobs.
La broma respecto de que yo era la muy célebre (mundialmente) Lolita Torres, no tenía nada de inocente; Bioy confesó muchas veces su afición por actrices y vedettes, aunque ella era talentosa, de belleza angelical y casta.
Leo “La pata de mono”
Siempre me habían interesado los orígenes de la tradición -tanto oriental como occidental- de pedir tres deseos y también de callarlos, de convertirlos en un secreto hasta que se cumplieran.
En el relato indicado por el sarcástico Bioy Casares, relato del que muy poco puedo decir a riesgo de que me “linchen” los amigos interesados en leerlo -lo recomiendo, espanta de verdad-, los deseos formulados a una retorcida pata de mono que tiene el poder de concederlos se cumplen uno a uno, pero con sutilezas de nigromante W.W. Jacobs consigue que tal concreción se convierta en terrible desventura.
Los tres deseos buenamente cumplidos
Pero no hay que inquietarse; todas las culturas, como dije, sostienen que si uno pide buenos deseos, se cumplirán y no ocurrirá más que eso, la alegría de conseguir algo muy preciado.
Cuando caen las estrellas fugaces es muy oportuno pedirlos (La estrella resplandeciente. Fábula. Siglo XXI).
Cuando por equivocación nos enfermamos -sí, nos enfermamos por equivocación- es excelente pedir buenos deseos para los otros, para los que tienen aún más problemas que nosotros (A través de los ojos de los niños)
Salud, dinero y amor
Se me ocurre que dentro del mundo convencional alguien inventó este abracadabras perfecto para resumir los tres deseos: uno va por ejemplo a la Fontana de Trevi y -mientras se tropieza con el fantasma de Anita Eckberg, o de Mastroianni, o de Fellini-, suelta una moneda y su mente ya está entrenada para que sin escarbar mucho resurjan las palabras “salud, dinero…”.
He pensado mucho en esta fórmula de la felicidad, desde hace tiempo que lo pienso (Ser feliz, neurociencia y deseo).
Empecé a examinarla preguntándome por el orden de los “factores”: primero la salud, luego el dinero, por último el amor.
Si miramos como personas que buscan “éxito” en el presente, algo le está faltando.
Deberían poder pedirse cuatro deseos para triunfar en lo mundano: salud, dinero, amor y conocimiento.
Si miramos como personas que finalmente despertaron, o derribaron falsos ídolos, todo le está sobrando (”Budismo” ), ya que la idea es no tener deseos; y esta idea no es sólo de las filosofías budistas, hinduistas, cristianas, islamistas; es también la verdad de Séneca y Epicuro, por ejemplo: no desear, para vivir en plácido contento.
Pero ya estoy llenando de nombres culturosos el blog…; les cuento, yo no soy nada culta en general, pero en estas materias me dediqué desde chica a leer a esa gente y mi memoria no las apaga.
Claro que creo que cada mensaje de cada uno de ustedes escrito con el amor que no se pide entre secretos es más valioso que cualquier filosofía, que los que nos dejaron Sócrates y Plotino y todos esos de los que César gustó y abandonó, María Celeste gusta y Joise trasciende mientras Osvaldo y José se convierten en grandes narradores, Soledad en Maestra, Socorro en una inteligente iconoclasta, Gloria y Blanca disfrutan con Norma de la gloria y algún “descarriado” aporta un trozo de penumbra.
Los abrazo y les pongo en las manos esta frase de Saint Martin escrita en pergamino: “Hay seres a través de los cuales Dios me ha amado”.
Gracias también a Norma, a los poetas Vancho I y Nerudaoruga y a aquellos en quienes pienso en silencio por hoy, por falta de espacio.
Mora Torres
http://www.monografias.com/blog/2008/08/20/lolita-torres-bioy-casares-y-la-pata-de-mono/#comment-11719
Estábamos en una de las Ferias del Libro que nos regala abril, desde hace años, en Buenos Aires; él tristón y sentado junto a un mostrador con sus obras, yo merodeando por todos los rincones de los atlas, colecciones de arte y otros pasatiempos (La invención de Morel).
Hacía poco que había muerto Borges, ¡y me acerqué a darle “el pésame” a Bioy Casares! (Bioy Casares y Cortázar).
Como acababa de comprar una nueva edición de la antología de literatura fantástica seleccionada y traducida por él, su mujer Silvina Ocampo (Literatura argentina: notas y entrevistas) y Borges, nada me pareció más apropiado que hacérselo dedicar al autor que se encontraba presente -el muerto estaba en Ginebra, Silvina en su casa.
Tomó su lapicera de oro, abrió el volumen y preguntó mi nombre -yo era en esa época, para todos, “Morita Torres”.
Su expresión melancólica viró a pícara: había encontrado el modo de hacer un chiste entre tanta vana solemnidad: “¿Lolita Torres?”, preguntó, pero no esperó mi resentida respuesta y escribió: “Para Lolita Torres, mi actriz predilecta, con el cariño de Adolfito”.
Cerró el libro y no vi hasta llegar a casa la dedicatoria, pero de entre los cuentos y relatos me recomendó leer primero “La pata de mono”, de W.W. Jacobs.
La broma respecto de que yo era la muy célebre (mundialmente) Lolita Torres, no tenía nada de inocente; Bioy confesó muchas veces su afición por actrices y vedettes, aunque ella era talentosa, de belleza angelical y casta.
Leo “La pata de mono”
Siempre me habían interesado los orígenes de la tradición -tanto oriental como occidental- de pedir tres deseos y también de callarlos, de convertirlos en un secreto hasta que se cumplieran.
En el relato indicado por el sarcástico Bioy Casares, relato del que muy poco puedo decir a riesgo de que me “linchen” los amigos interesados en leerlo -lo recomiendo, espanta de verdad-, los deseos formulados a una retorcida pata de mono que tiene el poder de concederlos se cumplen uno a uno, pero con sutilezas de nigromante W.W. Jacobs consigue que tal concreción se convierta en terrible desventura.
Los tres deseos buenamente cumplidos
Pero no hay que inquietarse; todas las culturas, como dije, sostienen que si uno pide buenos deseos, se cumplirán y no ocurrirá más que eso, la alegría de conseguir algo muy preciado.
Cuando caen las estrellas fugaces es muy oportuno pedirlos (La estrella resplandeciente. Fábula. Siglo XXI).
Cuando por equivocación nos enfermamos -sí, nos enfermamos por equivocación- es excelente pedir buenos deseos para los otros, para los que tienen aún más problemas que nosotros (A través de los ojos de los niños)
Salud, dinero y amor
Se me ocurre que dentro del mundo convencional alguien inventó este abracadabras perfecto para resumir los tres deseos: uno va por ejemplo a la Fontana de Trevi y -mientras se tropieza con el fantasma de Anita Eckberg, o de Mastroianni, o de Fellini-, suelta una moneda y su mente ya está entrenada para que sin escarbar mucho resurjan las palabras “salud, dinero…”.
He pensado mucho en esta fórmula de la felicidad, desde hace tiempo que lo pienso (Ser feliz, neurociencia y deseo).
Empecé a examinarla preguntándome por el orden de los “factores”: primero la salud, luego el dinero, por último el amor.
Si miramos como personas que buscan “éxito” en el presente, algo le está faltando.
Deberían poder pedirse cuatro deseos para triunfar en lo mundano: salud, dinero, amor y conocimiento.
Si miramos como personas que finalmente despertaron, o derribaron falsos ídolos, todo le está sobrando (”Budismo” ), ya que la idea es no tener deseos; y esta idea no es sólo de las filosofías budistas, hinduistas, cristianas, islamistas; es también la verdad de Séneca y Epicuro, por ejemplo: no desear, para vivir en plácido contento.
Pero ya estoy llenando de nombres culturosos el blog…; les cuento, yo no soy nada culta en general, pero en estas materias me dediqué desde chica a leer a esa gente y mi memoria no las apaga.
Claro que creo que cada mensaje de cada uno de ustedes escrito con el amor que no se pide entre secretos es más valioso que cualquier filosofía, que los que nos dejaron Sócrates y Plotino y todos esos de los que César gustó y abandonó, María Celeste gusta y Joise trasciende mientras Osvaldo y José se convierten en grandes narradores, Soledad en Maestra, Socorro en una inteligente iconoclasta, Gloria y Blanca disfrutan con Norma de la gloria y algún “descarriado” aporta un trozo de penumbra.
Los abrazo y les pongo en las manos esta frase de Saint Martin escrita en pergamino: “Hay seres a través de los cuales Dios me ha amado”.
Gracias también a Norma, a los poetas Vancho I y Nerudaoruga y a aquellos en quienes pienso en silencio por hoy, por falta de espacio.
Mora Torres
http://www.monografias.com/blog/2008/08/20/lolita-torres-bioy-casares-y-la-pata-de-mono/#comment-11719
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